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Publicidad para el club de Conquitadores


Alguna ves ha escuchado del Club de Conquistadores, alguna vez se ha imaginado la bendicion que es estar alli, creo firmemente que los que nos ayudaran en la Persecucion seran ellos, pues saben hacer fogatas, prender fuego sin fosforo, primeros auxilios, nudos y un sin fin de cosas que los Conquistadores aprenden domingo a domingo. Si un padre esta leyendo este post le consejo que ponga a su hijo en un club de conquistadores y si el que lee este post es un joven o adulto, pues que esperas inscribete.
A continuacion les dejo un video editado por nosotros para que pueda pasarlo en su iglesia y asi motivar a la iglesia a que se inscriban.




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Cancion fe en Fuego:

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Stephen Bohr - Los 144 mil sellados

"Los 144 mil sellados"
Perfil: Pastor Adventista que tiene muchísimas predicaciones proféticas. Cuenta con un estudio profundo acerca del Génesis que vale la pena escuchar. Sobre los 144 000 sellado no se ha escrito mucho dentro de nuestra iglesia, es mas hay  no tenemos una posicion sobre el tema, mas la mayoria apoya la posicion que presenta en  Pastor Stephen Bohr.
¿Quienes son los 144 mil sellados? ¿Porque Dan no figura en los 144 000 sellados? Las 12 puertas por donde entraremos al cielo tienen escritas los nombre de las 12 tribus de Israel ¿Por donde desea entrar Ud? ¿Son literales o son simbolicos? hay tantes preguntas en debate, por medio de estos sermones podra entender claramente el tema de los 144 000 y los mejor de toda su vida espiritual sera bendecida.
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La Victoria de Cristo

“Pastor”, decía la carta, “no sé durante cuánto tiempo más conseguiré vencer en la lucha que enfrento desde hace varios años. No logro encontrar una señorita que me guste, porque me siento atraído por los jóvenes. ¿Qué hago?”.

Evidentemente, por el tenor de la carta, este joven nunca había cedido a la tentación. Pero lo que lo inquietaba, al punto de causarle temor, era la pregunta: “¿Por cuánto tiempo más conseguiré vencer en la lucha?”.

Vivimos en tiempos peligrosos, en los cuales se intenta justificar el pecado a viva voz, en todas sus formas.

Sin embargo, el versículo de hoy muestra la salida para cualquier problema de tendencias que el ser humano carga desde que nace. Unos de una manera, otros de otra. Y el grito del corazón humano es: “¿Hasta cuándo tendré que luchar contra mis tendencias?”.





El apóstol Pablo, en los versículos anteriores al texto que escogimos para hoy, habla del fin de la lucha cuando finalmente “esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad” (ver el vers. 53). El apóstol está describiendo la glorificación de nuestra naturaleza: la erradicación completa y definitiva de la presencia del pecado en la experiencia humana.

Pero, mientras ese día no llega, Pablo, por experiencia propia, presenta una promesa: “Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Nadie tiene derecho a ser derrotado por las tendencias, porque Cristo preparó un medio para alcanzar la victoria. Él venció el pecado. Enfrentó las tentaciones aferrándose al poder del Padre, y nos mostró el camino de la victoria; su victoria es nuestra victoria hoy. Su victoria cubre la multitud de nuestros pecados pasados, y en el presente desea vivir sus grandes obras de victoria por la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida.

Gracias a Dios porque, aunque no haya llegado todavía el día de la glorificación, la victoria de Cristo no es apenas una promesa, sino una realidad en la vida de quienes procuran mantener diariamente una experiencia de amor con Cristo.

Estás delante de un nuevo día. En este día habrá tentaciones como en todos los demás, pero ya eres victorioso si con fe echas mano del poder de Jesús.

Autor:
Alejandro Bullón Paucar. Nació en Perú, y estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".

Joel Bautista

Nombre: Joel Bautista
Pais: Republica Dominicana

Joel bautista fue y sera un Canta - Autor reconocido en nuestra ciudad de Santo Domingo y en otras mas, este album contiene 10 canciones que Él con la ayuda de Dios compuso, entre las cuales sobresalen: No te cierres al amor, Madre Querida, Amigos, Gracias Jesus entre otras. ahora ya no esta mas con nosotros pero nos quedo de recuerdo sus presiosas canciones que alaban a nuestro creador.(Descargalas ahora.)






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El faro: El dia del Rey

Conjunto el Faro naturales de Peru, son un grupo de musicos Adventista con una muy buena trayectoria, han ido por varios paises predicando el evangelio de nuestro Amigo Jesus.
Este disco se llama El dia del Rey.
Algunas canciones muy impactantes de esta discografia son:
Cuando Tu me diste tu amor, El canto de Rey, Esperando, Hombres de Valor, Los afanes de este mundo, ect.
Si desea descargar estos archivos pues que espera haga clik en la imagen.






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Una perspectiva cristiana del sexo

Una perspectiva cristiana del sexo

Samuele Bacchiocchi

La actitud de la sociedad hacia el sexo ha oscilado de un extremo al otro. “La persona de la época victoriana, escribe Rollo May, buscaba tener amor sin caer en la relación sexual; la persona moderna busca tener la relación sexual sin caer en el amor”.1 Del punto de vista puritano que consideraba el sexo como un mal necesario para la procreación, hemos arribado a la popular visión del playboy sobre el sexo como una cosa necesaria para la recreación.

Ambos extremos son incorrectos y no están de acuerdo con las intenciones de Dios acerca de las funciones del sexo. El punto de vista negativo crea en los casados sentimientos de culpabilidad acerca de sus relaciones sexuales; el punto de vista permisivo convierte a la gente en robots, comprometiéndose con el sexo sin mucho significado y satisfacción.


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¿Cómo deberían, pues, relacionarse los cristianos con el sexo? ¿Qué dice la Biblia acerca de la sexualidad? Como un cristiano que confía en las enseñanzas bíblicas, los siguientes siete principios me han resultado muy útiles para entender cómo deberíamos relacionarnos con el sexo.

Principio 1: La Biblia se refiere a la sexualidad humana en forma positiva.

Empecemos por el principio: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).* Después de cada acto creativo, Dios dijo que “era bueno” (Génesis 1:12, 18, 21, 25), pero después de la creación del ser humano como hombre y mujer, Dios dijo que “era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Esta apreciación divina inicial de la sexualidad humana como “bueno en gran manera” demuestra que las Escrituras consideran la distinción sexual de hombre/mujer como parte de lo bueno y perfecto de la creación original de Dios.

Nota también que la dualidad sexual humana como hombre y mujer está explícitamente relacionada con el hecho de haber sido ambos creados a la imagen de Dios. Como la Escritura distingue al ser humano de otras criaturas, los teólogos generalmente han pensado que la imagen de Dios en la humanidad se refiere a las facultades racionales, morales y espirituales que Dios ha dado al hombre y a la mujer.

Sin embargo, hay otra manera en que podemos entender implícitamente la imagen de Dios, según Génesis 1:27: “A imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó”. Por eso la masculinidad y la feminidad humana, reflejan la imagen de Dios en que un hombre y una mujer tienen la capacidad de experimentar la unidad en el compañerismo como el que existe en la Trinidad. El Dios de la revelación bíblica no es un ser solitario simple que vive en aislamiento eterno sino que es un compañerismo de tres seres unidos íntima y misteriosamente y a quien adoramos como un solo Dios. Esta misteriosa unidad en la relación de la Trinidad es reflejada como una imagen divina en la humanidad, en la dualidad sexual de masculinidad y feminidad, unida misteriosamente como “una carne” en el matrimonio.

Principio 2: La relación sexual es un proceso por el cual dos llegan a ser “una carne”.

En Génesis 2:24 se expresa el compañerismo íntimo entre un hombre y una mujer: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán una sola carne”. La expresión “una sola carne” se refiere a la unidad total de cuerpo, alma y espíritu entre parejas casadas. Esta unión total puede ser experimentada especialmente por medio de la relación sexual cuando el acto es la expresión de un amor genuino, de respeto y de compromiso.

La frase “serán una sola carne”, expresa la idea de Dios con respecto a la relación sexual en el matrimonio. Nos dice que Dios ve el sexo como un medio por el cual un marido y una esposa pueden alcanzar una nueva unidad. Es digno de notar que la expresión “una carne” nunca se emplea para describir la relación entre un niño con su padre y su madre. Un hombre debe “dejar” a su padre y a su madre para llegar a ser “una carne” con su esposa. Su relación con su esposa es diferente de la relación con sus padres, porque consiste de una nueva unidad consumada en la unión sexual.

Llegar a ser “una sola carne”, también implica que el propósito del acto sexual no es solamente el de procreación (para producir 10 hijos) sino también psicológico (llenar las necesidades emocionales de consumar una nueva relación de unidad). Esa unidad implica la voluntad de revelar el más íntimo yo físico, emocional e intelectual al otro. En la medida en que llegue a conocerse en la forma más íntima, la pareja experimenta el significado de llegar a ser una sola carne. La relación sexual no asegura automáticamente esta unidad; más bien consuma la intimidad de una reciprocidad perfecta que ya se desarrolló.

Principio 3: El sexo implica conocerse mutuamente en lo más íntimo.

La relación sexual dentro del matrimonio permite a la pareja a conocerse mutuamente de una manera que no puede serlo de ninguna otra forma. Participar en la relación sexual no solamente significa descubrir el cuerpo de uno sino también el interior de uno frente al otro. Por esta razón las Escrituras a menudo describen la relación sexual como “conocer” (ver Génesis 4:1), que es el mismo verbo empleado en hebreo para referirse a conocer a Dios.

Obviamente Adán llegó a conocer a Eva antes de su relación sexual, pero por medio de la relación sexual llegó a conocerla más íntimamente. Un autor cristiano, Dwight H. Small, muy apropiadamente, comenta: “El revelarse ante el otro mediante la relación sexual invita al descubrimiento de sí mismo en todos los niveles de la existencia personal. Esta es una revelación exclusiva única de los integrantes de una pareja. Ellos se conocen a sí mismos más que a cualquier otra persona. Este conocimiento único es equivalente a reclamar al otro como genuina pertenencia. La desnudez y la relación física es un símbolo del hecho de que nada está oculto o sustraído entre ellos”.2

El proceso que conduce a la relación sexual es de un aumento de conocimiento mutuo. Desde el encuentro inicial, pasando por la amistad especial, el noviazgo, el matrimonio y la relación sexual, la pareja va logrando un conocimiento mayor de cada uno. La relación sexual representa la culminación de ese concimiento recíproco profundo e íntimo. Como lo dice Elizabeth Achtemeier: “Sentimos como si las más ocultas profundidades internas de nuestra existencia fueran traídas a la superficie y reveladas y ofrecidas a cada uno como la expresión más íntima de nuestro amor”.3

Principio 4: La Biblia condena el sexo fuera del matrimonio.

Ya que el sexo representa la más íntima de todas las relaciones interpersonales, el expresar la unidad de “una sola carne” en total compromiso, no puede ser expresada o experimentada en una unión sexual casual donde la interacción es puramente recreativa o comercial. La única experiencia de unión en relaciones tales es la de inmoralidad.

La inmoralidad sexual es seria, porque afecta al individuo más profunda y permanentemente que cualquier otro pecado. Como lo dice Pablo: “Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:18). Algunos podrían decir que también la glotonería y las borracheras afectan a la persona por dentro. Sin embargo, estos no tienen los mismos efectos permanentes sobre la personalidad como los que produce el pecado sexual.

La indulgencia en el comer o beber puede ser superada, las cosas robadas pueden ser devueltas, uno puede retractarse de las mentiras y reemplazarlas por la verdad, pero el acto sexual, una vez cometido con otra persona, no puede deshacerse. Ha ocurrido un cambio radical en la relación personal de la pareja involucrada que no podrá deshacerse nunca. Esto no significa que el pecado sexual es imperdonable. Las Escrituras nos dan la seguridad por medio del ejemplo y del precepto de que si confesamos nuestros pecados, el Señor es leal y justo para perdonarnos todos nuestros pecados y “limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Cuando David se arrepintió de su doble pecado de adulterio y asesinato, Dios lo perdonó (ver Salmos 51 y 32).

Principio 5: El sexo sin compromiso reduce a una persona al nivel de una cosa.

Las relaciones sexuales fuera del matrimonio no asumen responsabilidad. Las relaciones casuales de este tipo destruyen la integridad de la persona al reducir al nivel de un objeto de gratificación personal. A veces, algunas personas que se sienten heridas y usadas después de una relación sexual, se sustraen definitivamente de toda actividad sexual por temor de ser usadas nuevamente, o tienden a usar su cuerpo egoístamente, sin ninguna consideración por los sentimientos del otro componente de la pareja. En cualquier caso, la sexualidad de uno queda distorsionada porque él o ella han destruido la posibilidad de emplearla para relacionarse genuina e íntimamente con la persona que aman. No debiera usarse la relación sexual con el objeto de meramente divertirse en una ocasión y como forma de expresar amor genuino y compromiso con otro compañero o compañera en otra ocasión. La perspectiva bíblica de unidad, intimidad y amor genuino no puede consumarse practicando el sexo fuera del matrimonio o practicándolo con múltiples compañeros. Las parejas comprometidas probablemente dirán que están compartiendo un amor genuino cuando se activan sexualmente antes del matrimonio. Desde una perspectiva cristiana, una pareja comprometida para casarse debe respetarse mutuamente y mirará el compromiso como un tiempo de preparación para el matrimonio, y no como si fuera ya un matrimonio. Hasta que no se tomen los votos matrimoniales, existirá la posibilidad de romper con la relación. Si una pareja ha tenido relaciones sexuales premaritales, ha comprometido su relación y cualquier disolución subsecuente dejará cicatrices emocionales permanentes. Sólo cuando un hombre y una mujer tienen la voluntad de llegar a ser uno, no sólo verbal sino legalmente, asumiendo también responsabilidad por el compañero, es cuando pueden sellar su relación por medio de la relación sexual. En ningún otro campo la moral cristiana ha sido más atacada que en el vasto ámbito de la sexualidad fuera del matrimonio. Lamentablemente, aunque la condenación bíblica de los actos sexuales ilícitos es muy clara, es ignorada por la introducción y el uso de “términos suaves” o eufemismos. Por ejemplo, muchos se refieren a la fornicación como “sexo premarital”, acentuando el “pre” en vez de acentuar el “marital”. Al adulterio se lo define como “sexo extramarital” y no como un pecado en contra de la ley moral de Dios. Se suaviza la homosexualidad separándola de las serias perversiones mediante expresiones que van de la “desviación” a la “variación homosexual”. Más y más cristianos caen en el engañoso razonamiento de que “si es amor, está bien”. Se reclama que si un hombre y una mujer están profunda y genuinamente enamorados, tienen el derecho de expresar su amor por medio de la unión sexual sin casamiento. Algunos alegan que el sexo premarital libera a la gente de sus inhibiciones morales, dándoles una sensación de libertad emocional. La verdad es que el sexo premarital añade presión emocional, porque reduce el amor sexual a un nivel puramente físico sin el compromiso que tienen dos personas casadas.

Principio 6: El sexo sirve tanto para la procreación como para la relación.

Hasta principios de nuestro siglo, los cristianos generalmente creían que la función primaria de la relación sexual era el de la procreación. Otras consideraciones concernientes a la unidad de la pareja, la relación y el placer, eran consideradas secundarias. Pero ese orden fue invertido en el transcurso del siglo XX. Desde un punto de vista bíblico, la actividad sexual dentro del matrimonio tiene que ver no sólo con la reproducción sino también con la relación personal. Como cristianos, debemos recuperar y mantener el equilibrio bíblico entre estas dos funciones del sexo. La relación sexual es un acto placentero de perfecto intercambio que engendra un sentido de unión, al mismo tiempo que ofrece la posibilidad de traer una nueva vida a este mundo. Debemos reconocer que el sexo es una dádiva divina que puede ser disfrutada legítimamente dentro de los vínculos matrimoniales. Pablo urge a los esposos y a las esposas a consumar sus responsabilidades matrimoniales juntos, porque sus cuerpos no les pertenecen a ellos solamente, sino al otro. Por esa razón, ninguno debe privar al otro de esta relación, a excepción de que haya mutuo consentimiento por un determinado período de tiempo, para dedicarse a la oración. Entonces deben llegarse de nuevo el uno al otro, para no ser tentados por Satanás, por falta de control propio (1 Corintios 7:2-5; ver también Hebreos 13:4).

Principio 7: El sexo capacita al hombre y a la mujer a reflejar la imagen de Dios en una actividad creativa.

De acuerdo con la enseñanza bíblica, el sexo no solamente engendra una misteriosa unidad del espíritu, sino que también ofrece la posibilidad de traer hijos a este mundo. “Fructificad y multiplicaos”, dice el mandamiento del Génesis (Génesis 1:28). Por supuesto, no todas las parejas tienen la capacidad o la justificación de tener hijos. La vejez, la infertilidad y las enfermedades genéticas son algunos de los factores que tornan imposible, o no aconsejable, que se tenga hijos. Sin embargo, para la gran mayoría de las parejas, el tener hijos es parte normal de su vida matrimonial. Esto no significa que todo acto de unión sexual debería terminar en una concepción. David Phypers escribe que “no estamos hechos para separar el sexo de la procreación y aquellos que lo hacen en forma radical y definitiva, meramente por razones personales, se quedan cortos con respecto a los propósitos de Dios en sus vidas y corren el peligro de que sus matrimonios y su actividad sexual se conviertan en autogratificantes. Solamente mirarán hacia adentro para su satisfacción propia, en vez de mirar hacia afuera, hacia la experiencia creativa de traer una nueva vida al mundo y nutrirla hasta la madurez”.4

La procreación como parte de la sexualidad humana levanta una gran controversia sobre la contracepción. ¿Significa acaso el mandamiento de fructificar y multiplicarnos, que debemos dejar el asunto de la planeación familiar a la misericordia de Dios? La Biblia no contiene ninguna experiencia explícita sobre el asunto. Creo que la relación sexual es tanto relacional como procreacional. El hecho de que la función del sexo en el matrimonio no es solamente para producir hijos, sino también para expresar y experimentar el amor mutuo y la dedicación, implica la necesidad de ciertas limitaciones sobre la función reproductiva del sexo. Es decir, la función relacional del sexo, puede solamente permanecer como una experiencia dinámica viable, si su función reproductora es controlada. Esto nos lleva a otra pregunta: ¿Tenemos derecho de interferir con el ciclo reproductivo establecido por Dios? La respuesta histórica de la Iglesia Católica ha sido un rotundo “¡NO!” Sin embargo, la posición católica tradicional ha sido templada por el Papa Pablo VI en su encíclica Humanae Vitae (Julio 29, 1968), en la cual reconoce la moralidad de la unión sexual entre marido y mujer, inclusive en la no dirigida hacia la procreación de hijos.5 Es más, la encíclica, al mismo tiempo que condena los contraceptivos artificiales, permite los métodos naturales de control de la natalidad como el conocido “método del ritmo”, el cual consiste en confinar la relación sexual a los períodos no fértiles del ciclo menstrual de la esposa. La intención de la encíclica Humanae Vitae de distinguir entre los contraceptivos “artificiales” y “naturales”, considerando el primero inmoral y el último moral sugiere en sí mismo un sentido artificial. En cualquier caso, es la inteligencia humana la que previene la fertilización del huevo. Es más, rechazar como inmoral el uso de contraceptivos artificiales, puede conducir al rechazo como conducta inmoral, del uso de cualquier vacuna artificial, hormona, o medicación que no es producida naturalmente por el cuerpo humano. David Phypers escribe: “Como la mayoría de las invenciones humanas, la contracepción es moralmente neutral: lo que cuenta es lo que hacemos con ella. Si la usamos para practicar el sexo fuera del matrimonio, o en forma egoísta dentro del matrimonio, o si por medio de ella invadimos la vida privada de otros matrimonios, podríamos efectivamente estar desobedeciendo la voluntad de Dios y distorsionar la relación matrimonial. Sin embargo, si la empleamos con el propio respeto por la salud y el bienestar de nuestro cónyuge y nuestras familias, entonces puede elevar y fortalecer nuestros matrimonios. Por medio de los contraceptivos podemos proteger nuestro matrimonio de las tensiones físicas, emocionales, económicas y psicológicas que pueden producirse por embarazos frecuentes, y al mismo tiempo podemos usar el acto del matrimonio en forma reverente y amorosa, como fue la intención original, para una unión permanente”.6

Conclusión

La sexualidad humana es parte de la hermosa creación de Dios. No hay nada pecaminoso en ella. Sin embargo, como todas las buenas dádivas de Dios para los seres humanos, la relación sexual ha llegado a formar parte del perverso plan de Satanás para alejar a la humanidad de las intenciones de Dios. En la relación del hombre y la mujer que se acercan para llegar a ser “una sola carne”, la función del sexo es unificadora y procreadora. Cuando se viola esa relación, cuando el sexo ocurre fuera de la relación matrimonial, sea premarital o extramarital, violamos el séptimo mandamiento. Eso es pecado, un pecado en contra de Dios, en contra de la otra parte y en contra del cuerpo de uno mismo. Pero la Biblia no nos deja sin esperanza. Nos presenta la gracia de Dios y el poder para reponernos de todo pecado que nos acosa, inclusive el sexual. A pesar de que el pecado sexual deja una cicatriz en la conciencia, y le produce dolor a la otra persona, el verdadero arrepentimiento puede abrir la puerta al perdón de Dios. No hay pecado, por grande que sea, que la gracia de Dios no pueda sanar y restaurar. Todo lo que tenemos que hacer es asirnos de esa gracia, porque ella nos capacita a utilizar el potencial que Dios ha puesto en nosotros. Lo cual se aplica también al sexo. En una época permisiva en la cual prevalecen la promiscuidad sexual y la licencia, es imperativo que reafirmemos como cristianos nuestro cometido al punto de vista bíblico respecto al sexo como una dádiva divina para ser gozada solamente dentro del matrimonio.

Samuel Bacchiocchi (Doctor en Teología de la Pontificia Universidad de Roma) enseña teología e historia de la iglesia en Andrews University, Berrien Springs, Michigan, EE.UU. de N.A. Este artículo es una adaptación del capítulo 3 de su libro The Marriage Covenant. Se lo puede ordenar a: Biblical Perspectives, 4990 Appian Way, Berrien Springs, MI 49103, EE.UU. de N.A. US$13, porte pagado.

*Todos los pasajes bíblicos que se citan son de la edición de Reina-Valera, revisión de 1960.

EGW: "Yo sé en quien he creído"

Niels-Erik Andreasen Elena White murió en 1915 a la edad de 87 años, en su residencia de “Elmshaven”, en Deer Park, California. Se dice que las últimas palabras de esta sierva de Dios fueron: “Yo sé en quien he creído”. ¿Cuán bien conocemos al Dios en que creemos? Es una pregunta importante y personal. Creo que podemos conocer a Dios




pero conocerlo no significa entenderlo. Conocer a Dios personalmente significa sentirse seguro en su presencia y buscar su compañía. Permíteme compartir tres verdades que he aprendido acerca de Dios en mi experiencia.

Dios es mi Creador

En primer lugar, conozco a Dios como mi Creador. La creación es un evento extraño, único y maravilloso. Aun la Biblia lo admite. Sólo Dios puede crear. Él hizo todo el mundo por su palabra. Nosotros no podemos imitarlo. La creación es un milagro. Se encuentra ante nuestros ojos en la primera página de la Biblia, sin introducción alguna. En el principio Dios creó, declara sin preámbulos. No es de extrañar que inclusive a algunos cristianos les cueste aceptar la creación como explicación del mundo y todo lo que está en él. Existen muchos interrogantes.

Para intentar responder algunos de ellos, la Iglesia Adventista estableció el Instituto de Investigaciones en Geociencia. He participado de dos de sus estudios de campo, que fueron amenos e informativos. Se presentaron evidencias de una catástrofe grande y terrible, el Diluvio. Pero entre conferencias, tuve tiempo de contemplar el mundo de Dios: el mar y las estrellas. Comencé a sentirme seguro en presencia de mi Creador y a buscar su compañía con más asiduidad.

Consideremos otro relato de la creación, esta vez desde la visión de un niño. En el Salmo 8:1-5 conversan dos personas: imaginemos a un padre o una madre y un niño. Acaso era el salmista, el rey David, y uno de sus hijos, Absalón o Salomón. Caminan sobre la terraza del palacio. Es de noche. Al mirar el cielo, el niño pregunta: “Papá, ¿cuántas estrellas hay? Y ¿quién las puso allí? Mira, una está cayendo”. Con ese trasfondo, el salmista escribió: “Has hecho que brote la alabanza de labios de los pequeñitos y de los niños de pecho” (NVI). Y más adelante: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?”. Fíjate en la expresión “la obra de tus dedos”. Para el salmista, la obra creadora de Dios no es sino obra de sus dedos; simple, como un juego de niños.

Los niños conocen a Dios instintivamente porque son curiosos y siempre miran hacia arriba. Si tienen buenos padres, saben lo que es sentirse seguros en su presencia. Nos enseñan, por lo tanto, a sentirnos seguros en la presencia divina y a buscar su compañía cada día.

Puedes creer, sin embargo, que eso es muy simplista. Ya no somos niños. ¿Cómo conocer a nuestro Creador sin resolver primero los interrogantes acerca del mundo que creó, acerca de los primates fósiles del África, las edades glaciales de Escandinavia, la columna geológica y los dinosaurios, entre otros?

Reconozco que son preguntas difíciles y, francamente, no he hallado respuestas satisfactorias para todas ellas. Pero entonces recuerdo el Salmo 8, y pienso en una niña que en una esquina aguarda para cruzar la calle transitada. Se toma de la mano de su padre y se siente segura. De esa forma me relaciono con mi Creador. Hay interrogantes y problemas. Hay misterios sin resolver. Pero cuando nos tomamos de su mano, nos sentimos seguros.

Cuando conocemos a Dios de esta forma, podemos confesar sin reservas: Creo en Dios Padre, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Yo sé en quien he creído, me siento seguro en la presencia de mi Creador y busco su compañía.

La voluntad de Dios para mi vida

En segundo lugar, conozco a Dios al aceptar su voluntad.

La voluntad de Dios es buscar nuestro bien, y su voluntad se revela en su ley. Esto parece sencillo, pero hay muchos que no conocen su voluntad. Algunos piensan que su voluntad es estricta, opresiva, legalista y severa. Es por eso que aun algunos cristianos no procuran conocer y obedecer su voluntad. Más bien prefieren ignorarla para seguir sus propios caminos.

En la breve historia de la Iglesia Adventista, observo dos fases diferentes en la manera en que hemos enfocado la enseñanza de la voluntad y la ley divinas.

Primera fase: En una primera etapa, y sin intención, hemos alejado a muchos miembros de la voluntad de Dios según se revela en su ley. En 1888, Elena White se refirió a ese énfasis legalista, cuando nos instruyó respecto de la ley y la gracia. Al principio prestamos atención a su consejo, pero después nos olvidamos.

Combinamos directamente la ley de Dios con el juicio venidero, lo que atemorizaba a nuestros oyentes. Algunos de mis alumnos solían decirme: “Si en el juicio Dios compara mis pecados con su ley, estoy perdido. No vale la pena esforzarse. Ya no quiero oír de la ley divina”. Mi tarea era hacerlos cambiar de parecer.

Segunda fase: Hacia fines del siglo XX, los adventistas comenzamos a enfatizar una vez más la gracia divina y la justificación por la fe. Enseñamos, correctamente, que en nuestra relación con Dios la gracia está antes que cualquier otra cosa, y que una vez que aceptamos su gracia, conoceremos a Dios y su voluntad. Pero ese descubrimiento maravilloso en realidad no restableció la ley divina como guía de nuestras vidas. De hecho, pareciera que hablamos mucho menos de la ley de Dios, pero por una razón diferente: no porque le tengamos miedo, sino porque la dejamos de lado e ignoramos su valor.


Al pensar en esto he llegado a dos conclusiones. En primer lugar, en los pasajes que hablan del juicio, especialmente en los profetas, vemos que Dios no juzga a su pueblo por no poder obedecer su ley sino por no permanecer fieles al pacto. Miqueas 6:6-8 habla del fracaso de Israel y enumera a continuación las muchas maneras en las que el pueblo de Israel podría haber sido más obediente. “¿Deberíamos ofrecer más holocaustos, aceite y sacrificios?”, preguntó el pueblo. “No”, respondió Dios. “Sólo les pido tres cosas (v. 8): hacer justicia, amar misericordia y ser humildes, es decir, leales a mí”. Eso es lo que pide Dios.

En base a pasajes como éste, expliqué a mis alumnos que el juicio es una importante enseñanza bíblica, pero cuando nuestros nombres aparezcan en las cortes celestiales, Dios no nos preguntará cuán buenos hemos sido, sino cuán leales a él hemos sido en nuestra vida. Eso es lo que más le importa a Dios. De hecho, no son nuestros pecados lo que nos afectará ante Dios en el día del juicio, sino nuestra rebeldía. Dios ya sabe que hemos pecado, pero tiene un remedio para el pecado: su perdón (Miqueas 7:19). Pero ¿qué puede hacer Dios si somos desleales o rebeldes? ¿Cómo puede perdonarnos y ayudarnos si le damos la espalda? Precisamente de eso trata el juicio: ¿Le dimos la espalda a Dios en desacato a su tribunal, o con confianza nos acercamos al trono en busca de su aceptación y perdón a través de Cristo, nuestro amigo y abogado? Eso es ser leal en el juicio.

Mi segunda conclusión es que la ley divina está creada para mostrarnos cómo vivir y obrar con mayor responsabilidad. La ley de Dios consta de 10 mandamientos en dos tablas. Pensemos primero en la parte fácil, la segunda tabla, que nos enseña a cómo relacionarnos con otros. No desees la propiedad de otros: conténtate con lo que tienes. No mientas respecto de tu prójimo: di la verdad. No robes lo que pertenece a otros. Respeta al cónyuge de tu amigo: no cometas adulterio. No asesines: no debes quitar una vida que no es la tuya.

“¿Pero cómo podemos aprender a vivir en armonía con prohibiciones tan exigentes?”, nos preguntamos. La respuesta se encuentra en el mandamiento positivo de la segunda tabla, que apunta a lo fundamental en toda relación: Honra a tu padre y a tu madre. Allí comienza todo, en un hogar con un padre, una madre y niños. Si las cosas van bien en el hogar, entonces irán bien en el vecindario, en el país y entre las naciones. Dios es nuestro creador y, por lo tanto, nuestro Padre. Su voluntad para nosotros no es un misterio, y tampoco produce temor.

Pero, preguntamos: ¿Quién nos dio estos principios, y por qué deberíamos prestarles atención? La respuesta se halla en la primera tabla, en los cuatro mandamientos que hablan de nuestra relación con Dios. No cualquiera es el autor de estos mandamientos. Provienen de Dios y representan su voluntad. ¿Quién es este Dios? No es un personaje insignificante, sino el Creador de todo lo que existe. No lo podemos ver, y no tratemos de representarlo en una imagen. Pero, ¿puedo hablar con él? Sí, es decir, por medio de la oración y la meditación, pero sin utilizar su nombre en vano. ¿Qué hacer entonces, para conocer a Dios y su voluntad? Eso nos lleva al correspondiente mandamiento positivo de la primera tabla, el cuarto, que contiene un mensaje extraordinario: El Dador de la ley, que nos propone normas de conducta tan elevadas y pide tanto de nosotros, comienza con un don: un día libre, tiempo sagrado sin trabajo, tiempo de reposo. En ese día aprendemos a conocer mejor a Dios. Una vez que asimilamos el profundo significado del cuarto mandamiento, se resuelven todos los interrogantes previos. Lo conocemos al sentirnos seguros en su presencia y al buscar su compañía en ese día (Isaías 58:13, 14).

Dios me ama

En tercer lugar, conozco a Dios porque me ama.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Cuando era joven me impresionó mucho el pensar que nuestro Señor y Salvador diera su vida para salvar a un pecador. A esto se suma el pensamiento de Pablo: Es comprensible que alguien dé su vida por un amigo, pero Cristo dio su vida por nosotros mientras éramos aún sus enemigos (Romanos 5:7, 8).

Necesitamos pensar con cuidado acerca de la palabra amor, especialmente porque expresa la tercera dimensión de nuestro conocimiento de Dios.

En primer lugar, el amor divino no está motivado por emociones o pasiones. Su amor es un principio. Eso es lo que necesitamos saber y, cuando lo hacemos, nos sentimos seguros en su presencia y buscamos su compañía, es decir, amamos a Dios de la misma manera. Algunos cristianos desarrollan una relación con Dios basada en un amor pasional y emocional. Los jóvenes, y aun los niños, a veces caen en la trampa de pensar que el cristianismo es meramente un asunto del corazón. “Entrega tu corazón a Jesús”, les decimos cuando son pequeños. Pero cuando maduren, ¿permanecerá firme y constante su amor por Dios?

Una de las experiencias más tristes que he tenido es ver a jóvenes y no tan jóvenes que reemplazan su amor pasional por Dios por un fuerte rechazo a todo lo religioso y cristiano. El profeta Oseas también habla de esa experiencia cuando, en nombre de Dios, reclama que el amor de Israel es como el rocío matutino. Se evapora con los primeros rayos del sol (Oseas 6:4). Para clarificar por contraste el amor divino, el profeta introdujo una palabra especial, hesed, que es el amor basado en un principio. A menudo esta palabra se traduce como “amor constante”, o “amor del pacto” o “amor duradero”.

Todos nosotros tenemos algo que aprender del amor de Dios. Él nos ama por principio pero, a diferencia de nuestro amor, su amor nunca decae. Permanece cálido y atento, aun apasionado, pero por principio. Dios es un ser que siempre nos ama. Es alguien cuyo amor es constante, sin tomar en cuenta las circunstancias. Es alguien que nos ama de manera muy diferente de aun nuestras mejores imitaciones de ese amor.

Eso es lo que Jesús explicó en la parábola del hijo perdido que regresó a su padre, su madre y su hermano (Lucas 15). El pintor holandés Rembrandt reflejó la escena en un cuadro famoso que se expone en el Museo Hermitage de San Petersburgo, Rusia. El teólogo Henri Nouwen escribió un libro acerca del cuadro del hijo rebelde que finalmente regresa a casa. La lección de la parábola, el cuadro y el libro es que, contra toda probabilidad, Dios el Padre amó a este joven y lo amó con amor de madre y con amor de padre. Este punto inusual está implicado en la parábola de Cristo donde ambos padres amaron al hijo que había regresado. Uno lo vistió y el otro le preparó una comida casera, lo cual se expresa explícitamente en la pintura de Rembrandt y en su interpretación por parte de Nouwen. Rembrandt pintó las dos manos del padre en los hombros de su hijo, de manera que una semeja la mano fuerte de un hombre y la otra se parece a la mano delicada de una mujer. Y colocó a la mujer ligeramente en el fondo del cuadro para indicar también su presencia. Dios ama a todos sus hijos de esa manera. Te ama a ti y a mí sin importarle la edad, el sexo, o el trasfondo étnico, religioso o geográfico. ¡Somos sus hijos!

En momentos difíciles no es fácil recordar con claridad nuestro conocimiento de Dios. Pero de todas maneras debemos fijarnos en él. En momentos de destrucción catastrófica, a medida que este mundo llega a su fin, debemos saber con seguridad que él es nuestro Creador y el Creador de todo el mundo. En momentos cuando prevalece la violencia, cuando los injustos son arrogantes y los enemigos de Dios pecan deliberadamente, debemos conocer la voluntad divina y sus demandas éticas, porque sólo ellas pueden traer el orden a nuestra vida, a nuestras familias y a la sociedad. Cuando el amor se transforma en odio o decae por la ausencia y la falta de atenciones, y los que hemos abrazado se vuelven nuestros enemigos, necesitamos conocer al Dios que ama a todos sus hijos siempre, sin condiciones. Eso, creo yo, es lo que Elena White tenía en mente cuando pronunció sus últimas palabras: “Yo sé en quien he creído”.

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Niels-Erik Andreasen (Ph.D., Vanderbilt University) es rector de Andrews University. Este artículo está basado en un devocional presentado durante el Concilio Anual de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. Su dirección postal: Andrews University; Berrien Springs, Michigan 49104; EE. UU.

TÍTULO ORIGINAL: Yo sé en quien he creído
FUENTE: Diálogo Universitario

Musica y mas de David Phelps

David Phelps es uno de los mejore tenores de la musica cristiana, fue integrante de Gaither Vocal Band y que por su talento decidio separarse y formarse como solista, tiene gravados mas de 30 discos y a recorrido el mundo entero hablando de Jesus, a cantado en Jerusalem, en Inglaterra, España, todo Latinoamerica.
Aqui les dejo un archivo de 15 canciones que podra escucharlas y en el foro podran descagarlas.

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Musica y Biografia Gaither Vocal Band

Según uno de sus integrantes originales, el cantante de bajo Lee Young, se inició como un cuarteto absolutamente improvisado al calor del momento previo de un concierto, en el que diversos exponentes del Gospel tuvieron parte, entre ellos Bill Gaither, Gary McSpadden, el tenor Steve Green y el propio Young, quienes se unieron para interpretar la canción First day in heaven e integraron posteriormente el cuarteto original en 1980.

Lee Young se retiró en 1982, llegando Jon Mohr en su reemplazo como nuevo cantante de bajo. Fue en aquél año que grabaron su segundo álbum Passin` The Faith Along, el cual se editó en 1983. Posteriormente, luego del retiro de Steve Green, el primer tenor Larnelle Harris fue contratado como su sucesor, lanzándose el tercer disco del grupo, The New point Of View, poco antes de que Jon Mohr abandonara el cuarteto.

En este punto The New Gaither Vocal Band sufrió una renovación, cambiando el nombre del cuarteto al que tiene en la actualidad. Bill Gaither comenzó a cantar en el registro de Bajo (llamado en la época "barítono bajo"), Gary McSpadden asumió la voz de barítono y Michael English fue contratado como la voz principal del grupo en 1986. Aunque el disco anterior (The New Point Of View) había experimentado con un estilo más contemporáneo que sus predecesores, el cuarto disco 1 X One de 1986, debutaba con el nuevo nombre y formación de la banda y con un sonido y estilo aún más sofisticados. Luego de este álbum Larnelle se retiró, siendo reemplazado por un cantante llamado Lemuel Miller, quien no alcanzó a grabar con el cuarteto antes de abandonarlo. Fue reemplazado por el ex primer tenor de The Imperials, Jim Murray. En 1988 se editó el disco Wings antes de que Gary McSpadden dejara el grupo para dedicar más tiempo a su carrera en solitario. Ese mismo año Mark Lowry fue seleccionado para reemplazarlo.



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Musica de Heritage Singers

Heritage Singers de nacionalidad EE.UU junto a Heraldos del Rey son los grupos mas representativos de la Musica Adventista, han recorrido todo el mundo llevando su mensaje musical de vida en Cristo,
Han vistado paises como Ispaña, Inglaterra, todo el continente Americano incluso han cantado en la misma ciudad de Jerusalem y como no decirlo que es el mejor grupo Adventista de todos los tiempo ya que su trayectoria es inigualable y sus canciones ineditas.
Les dejo una coleccion de Heritage Singers que son en total 176 archivos de musica en mp3 que podran escuchar y descagar.
En el Foro tenemos 16 discos que Ud puede descagar gratuitamente.


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Revelaciones del Apocalipsis, Tema 1. Pasto Alejandro Bullon.