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Abigail: No fue víctima de las circunstancias

Imagine
Guía práctica de Abigail para gestionar una crisis
  • Escuchar: Muchas crisis se pueden evitar perfectamente escuchando. Lo ideal es contar con un grupo de personas que nos hablen con sin­ceridad. Esta red de personas no tiene que limitarse a nuestros ami­gos o compañeros. Debemos escuchar a todo el mundo. Personal­mente, creo que mis siervos son muy útiles. Seamos asequibles. Per­mitamos que la gente hable sin interrumpirla.
  • Definir el problema: en tiempos de crisis, definir racionalmente el problema puede ser difícil, pero es esencial para nuestra superviven­cia. En mi caso me di cuenta de que la amenaza para mi casa se ba­saba en que David y sus hombres necesitaban comida y que habían insultado a David.
  • Aprovechar nuestros recursos: Una cosa importante que debemos tener en cuenta ante una crisis es el tiempo del que disponemos. Tenemos que ver con qué contamos para afrontarla. Por lo general, no hay tiem­po suficiente para solicitar provisiones o conseguir ayuda de fuentes ex­ternas. Tenemos que arreglárnosla con lo que tenemos, tanto física co­mo emocionalmente. Aunque es imposible disponer de todos los re­cursos necesarios para cualquier urgencia, es inteligente mantener lo básico. Mantengámonos en forma física con ejercicio y siguiendo una dieta saludable. Mantengámonos espiritualmente en forma me­diante la oración y la adoración regulares. Memorizar las Escrituras será uno de nuestros mejores recursos en tiempo de crisis. Para afron­tar mi crisis yo tuve pan, vino, ovejas, trigo, uvas e higos que pude dar­les a los hombres de David.
  • Diseñar un plan: Si es necesario, no dudemos en tomar la iniciativa y las riendas de la situación. No permitamos que las costumbres so­ciales se interpongan en nuestro camino. En mi cultura, una mujer no suele dirigir una misión de rescate. Pero claro, estos no son tiem­pos para luchar contra el status quo ni hacer de ello una causa de en­tren la miento. Aunque tengamos razón, en tiempos de crisis es mejor ser humildes y flexibles, y permitir que Dios nos utilice.
  • Tener una perspectiva más amplia: Durante una crisis es fácil que nos concentremos en el problema y en nuestras propias deficiencias, pe -ro como hijos de Dios, una crisis puede sacudirnos y alejarnos del mundo, ayudándonos a ver nuestra vida desde el punto de vista de Dios. Intentemos ver el problema desde la perspectiva divina y pro­curemos que todos los que estén involucrados vean las consecuen­cias y las posibilidades.
  • Tomar un tiempo para analizar: Una vez que haya pasado la crisis, tomemos un tiempo para analizar la situación (si es posible, con quienes hayan intervenido) y aprender de la experiencia. Necesita­remos tacto para escoger el momento preciso para el análisis. Yo tu -ve que esperar hasta el día siguiente para explicarle a mi esposo lo que había ocurrido.
  • Lo que debemos evitar: Durante una crisis o el análisis de la misma, evitemos culpar, acusar o amenazar a los demás.
Vengan de donde vengan las crisis, Dios quiere que las usemos para crecer y aprender de él.
Personajes
Abigail: Su nombre se podría traducir como «mi padre se alegra», tal vez por la alegría que significó su nacimiento para su familia. Abigail es presentada en la narración bíblica como la esposa de Nabal, el cale-bita (1 Samuel 25:3). Se la describe como una persona sabia, lo que se demuestra en sus rápidas acciones y su evaluación de la situación en que se encontraban David y sus hombres.
Tras el repentino menosprecio de su «insensato» esposo Nabal, Abigail se convierte en la esposa de David, y en los siguientes capítulos se la menciona varias veces con Ahinoam el jirzreelita (1 Samuel 27:3). Ambas esposas de David son capturadas por los ladrones amalecitas (1 Samuel 30:5). Más tarde, David y sus hombres las liberan en el transcurso de una espectacular operación de rescate (1 Samuel 30:18). Después que Judá corona a David en Hebrón, Abigail da a luz al segundo hijo de David, Quileab (2 Samuel 3:3). Ni Abigail ni su hijo son mencionados de nuevo tras el periodo de Hebrón. Es probable que murieran durante esos años.
Nabal: En su caso, el refrán latino: «Nomen est ornen» (El nombre pre­destina) es una triste realidad. Nabal significa «necio» y la necedad, em­parejada con la rudeza, parecen ser unos de sus principales rasgos de carácter, al menos según la corta descripción que se hace de él en 1 Sa­muel 25. Nabal es calebita, es decir, pertenece al clan fundado por Ca­leb. Como rico ganadero dueño de muchas ovejas, vive en Maón y es­quila sus rebaños alrededor de la población de Carmel. No se mencio­na que él y Abigail tuvieran hijos. Mientras Nabal come y se emborra­cha (1 Samuel 25:23-26), su esposa le salva la vida organizando una de­legación que llevara provisiones a David y sus hombres.
David: Aunque no se da ninguna referencia específica de tiempo, la persecución desatada por Saúl contra David ocupa un espacio signifi­cativo en 1 Samuel y cubre más de un tercio de todo el libro. En la vi­da de David es un periodo de formación, y los altibajos y la incertidumbre de su vida personal son un reflejo de la naturaleza inestable del «estado» israelita en sus comienzos, debido a las tensiones externas e internas. Mientras Saúl está cada vez más obsesionado por asegurarse el trono eliminando a David, este último es descrito como el protector de las poblaciones y las comunidades expuestas a la amenaza filistea (en 1 Samuel 23, David salva a Keila y en el capítulo 25 salva a Nabal y a toda su casa).
En todas sus pruebas, David tiene que cuidar mucho en quién de­posita su confianza. La lealtad no siempre es clara y a menudo cambia según la realidad política del territorio. En 1 Samuel 23, David libera a Keila, pero cuando se enfrenta a la posibilidad de que Saúl asalte la ciudad, David descubre que los vecinos de Keila planean entregarlo (1 Samuel 23:12). Esto es típico de las comunidades tribales carentes de una identidad nacional clara y un poder central fuerte. Ante los insultos de Nabal, la reacción de David es comprensible e incluso justificable, pero en 1 Samuel 25:26-28, Abigail destaca que como rey David tiene que poner a un lado el orgullo personal y de clan y contemplar una realidad nacional mayor. Él también tiene que permitir que el Señor luche sus batallas.
Información sobre el contexto
El capítulo que detalla la emocionante historia de David, Naba1 y Abigail se encuentra ubicado entre dos capítulos que aluden a la grandeza de David. Dos veces había él perdonado ya la vida de Saúl. En 1 Samuel 24, David corta una punta del manto de Saúl (versículo 4) mientras el rey israelita se aparta para «hacer sus necesidades» en una cueva en la que se ocultaban David y sus hombres. En 1 Samuel 26: 8-12, David y Abisai no sucumben a la tentación de matar a Saúl con su propia lanza. Por un azar de las circunstancias, el cazado de repente se convierte en cazador. En ambas historias David destaca la santidad del ungido del Señor, a pesar de que cortar la punta del manto no era un acto tan inocente, como podría pensarlo un lector del siglo XXI. Al parecer, David reconoce esto e inmediatamente se arrepiente de sus actos (1 Samuel 24:5-7). El autor suizo Gottfried Keller escribió una vez que la ropa ha­ce a la persona («Kleider machen Leute»). Sin embargo, en el antiguo Oriente Próximo se pensaba que la ropa era de hecho equivalente a la persona misma. En Mesopotamia, el borde de la indumentaria de un individuo podía usarse como un medio de certificación en caso de que este estuviera ausente.
En medio de estas dos historias encontramos el triángulo de David, Nabal y Abigail, esta historia retrata de manera realista a un David, no como un santo (en el sentido más común del término), sino como una persona que a veces puede reaccionar de manera emocional y errónea cuando se dan las circunstancias idóneas o equivocadas. En otras palabras, David se parece a nosotros.
La descripción de las propiedades de Nabal no lo muestran como un pobre campesino que lucha por sobrevivir, sino como un terrateniente rico (mil cabras y tres mil ovejas era una fortuna considerable). Tal como se ha demostrado en los capítulos anteriores, David y sus seis­cientos hombres estaban constantemente en movimiento. Durante la temporada de la esquila, David envió a diez jóvenes al rico terratenien­te para pedirle un regalo de reconocimiento por la protección que los hombres de David habían proporcionado a los de Nabal en la tempo­rada anterior. La petición de David no debe ser vista como una cuota al estilo mañoso a cambio de protección. Esta sencillamente pone de ma­nifiesto el importante sistema de patrocinio en el que el más poderoso protege al más débil, y a cambio espera la benevolencia y el reconoci­miento de quien recibe la protección. El mensaje original enviado a Nabal (1 Samuel 25:6) deja claro el respeto de David por el terrateniente (así como, muy probablemente, por otros en el vecindario).
Acción
En una sociedad en la que no existe un poder central, algunos pode­rosos aprovechan el vacío de poder para proveer servicios básicos como protección contra bandas de forajidos, enemigos tribales o animales salvajes. Parece ser que David proporcionaba un servicio parecido a la comunidad de Maón, situada en Judá, a unos diez kilómetros al sur de Hebrón (Josué 15:55).
El capítulo comienza con una declaración sorprendente, aparente­mente sin relación con la historia que le sigue: Samuel había muerto y todo Israel se había reunido para llorar en Rama (1 Samuel 25:1). Lo cierto es que sí existe un vínculo directo, ya que la muerte de Samuel marca el final de una era, y la culminación de lo que fue un periodo al menos con cierta estabilidad y coherencia. La muerte de Samuel tam­bién da paso al endurecimiento de la disputa entre Saúl y David, por lo que David vuelve a ponerse en acción.
Este comunica respetuosamente su petición de «tributo» a Nabal por medio de diez jóvenes. La respuesta de Nabal no solo es ofensiva, sino que suena como un nuevo rebelde antidavídico (2 Samuel 20:1). Su pre­gunta retórica («¿Quién es David?» [1 Samuel 25:10]) es un rechazo for­mal del pacto acordado, a la vez que un claro intento de hacer que David «perdiera el prestigio», tan importante en las culturas orientales. David, al menos en la mente de Nabal, es solo un prófugo de Saúl con delirios de grandeza y nada más. Con toda certeza debió pasar por alto al ejército de seiscientos hombres al mando de David o quizá se sintió lo suficientemente fuerte como para mantenerlos a raya.
La respuesta de David es inmediata. Dos tercios de sus tropas se pre­paran para la batalla, mientras que el resto protege las provisiones. El versículo 14 establece un cambio en la perspectiva de la narración. En lugar de enfocarse en los hombres que intervienen, Abigail entra en es­cena y acapara el protagonismo. Un siervo sin nombre informa a Abi­gail de la descortesía de Nabal (lo que confirma nuestra sospecha de que la respuesta de Nabal se podía interpretar fácilmente como lo que pretendía ser, un insulto) y le habla de la fidelidad de los hombres de David durante la temporada anterior. Resulta curioso que el informa­dor anónimo se siente autorizado para catalogar a Nabal ante su mujer como un hombre «perverso» sin que medie una reprimenda de parte de ella (versículo 17).
Abigail no pierde tiempo y rápidamente echa mano de lo que en­cuentra en sus graneros y almacenes, que estaban repletos con las pro­visiones destinadas a la gran fiesta de la cosecha y al invierno. Inmedia­tamente envía delante a los siervos y las bestias de carga con la genero­sa provisión de alimentos (de modo similar a como lo hizo Jacob en Génesis 32:13-21), se monta en una muía y se dirige directamente a la bo­ca del león. Con este acto heroico, Abigail impide que David actúe de manera precipitada, lo que habría causado un derramamiento de san­gre. Es imposible sobreestimar la acción de Abigail. A pesar de ser mu­jer, no solo negocia directamente con otro hombre, sino que lo hace con uno cuyos seguidores están armados hasta los dientes y dispuestos a entrar en acción. Nótese, sin embargo, que la mayor parte de la acción descrita en 1 Samuel 25 hace referencia a las palabras y no a los actos.
El plan de Abigail funcionó. David incluso reconoció la astucia de Abigail.
En profundidad
En esta sección estudiaremos más a fondo el discurso de Abigail a David. Pero volvamos primero a Nabal. Sabemos que Nabal era descen­diente de Caleb, pero que era muy distinto a su generoso ancestro, el cual no solo le dio tierras a su hija, sino que le hizo cesión de unas fuentes extremadamente valiosas (Josué 15:19). Lo único que David pi­de aquí son unas provisiones durante la temporada de esquila, en la que Nabal tenía mucho que ganar.
Aunque la ira de David por haber sido insultado y humillado es comprensible, su impulsiva respuesta parece extemporánea y más pro­pia de Saúl. Dios usa a Abigail para hacer que David recupere el sentido común y evite el gravísimo error de incurrir en delito de sangre.
Imaginemos la sorpresa de David cuando él y sus hombres dan la vuelta a una esquina del camino y se encuentran una hilera de muías cargadas con alimentos, tiradas por algunos siervos y una mujer, la cual inmediatamente le presenta sus respetos postrándose ante él. El autor bíblico repite la acción de postración en 1 Samuel 25:23, 24. Su pos­tración representa algo más que un saludo sumiso. Aunque Nabal pre­guntó: «¿Quién es David?» (1 Samuel 25:10), Abigail lo trata como el un­gido de Dios, a pesar de que este no se está comportando como tal en ese momento. En las primeras palabras de su discurso, Abigail deja cla­ro que está dispuesta a cargar con la culpa. A diferencia de David, que se irritó ante el insulto infundado, ella está dispuesta a aceptar las con­secuencias de los actos de su insensato y desdeñoso esposo.
Entonces hace algo que nos resulta inesperado. Intenta que David vea a Nabal con otros ojos. El versículo 25 explica que el comporta­miento insultante de Nabal no iba dirigido específicamente a David, si­no que era un mero reflejo de su naturaleza mezquina y egoísta. Abigail le pide a David que mire más allá de lo que es obvio y que vea a Nabal como alguien que merece que se apiaden de él. Pone a un lado sus in­tereses personales y procede a ayudarlo. Abigail pudo haber visto esta amenaza a la vida de Nabal como una oportunidad para deshacerse de él y recuperar su «libertad». Pero en lugar de eso, prefiere identificarse con él e interceder por su vida miserable.
El mundo de Abigail y David no difería mucho del nuestro, en el sentido de que cuando las cosas salían bien, todos estaban ansiosos por recibir los halagos; pero cuando salían mal, lo primero que hacían era tratar de salvar su pellejo. Sin embargo, en el versículo 25 vemos que Abigail está dispuesta a aceptar las consecuencias de las malas ac­ciones de su esposo, y en el versículo 26 alaba a Dios por detener la matanza antes que enorgullecerse por su rápida reacción. Tener una relación estrecha con Dios puede hacernos sentir tan seguros, que no tenemos la necesidad de preocupamos por nosotros mismos, sino más bien por lo que los otros puedan pensar o decir.
En el versículo 28 Abigail le pide a David que ignore el insulto, y con mucho tacto le comenta dos cosas. En primer lugar, le recuerda que él lucha las batallas del Señor. Antes de que ocurriera este incidente, David tenía el hábito de pedir la dirección de Dios al llevar a cabo cual­quier acción militar (1 Samuel 23:2). Esta vez no hubo oraciones pidien­do a Dios que lo guiase al iniciar la marcha hacia la casa de Nabal. La importancia de buscar la voluntad de Dios de manera continua y activa en nuestra vida no puede ser subestimada. En un momento de crisis es muy fácil tomar una decisión equivocada que pueda tener consecuen­cias permanentes. En segundo lugar, Abigail exhorta a David a que pien­se en el futuro y evalúe sus acciones a la luz de una perspectiva más am­plia. En su afirmación: «No vendrá mal sobre ti en todos tus días» (versículo 28), Abigail obviamente está evaluando su carácter a la luz de su futura po­sición como rey. ¿Qué clase de rey sería si exterminara a todos los que no le gustan? ¿Qué lo diferenciaría de Saúl, quien asesinó a todo aquel que sentía que lo amenazaba?
En el versículo 29, Abigail se centra nuevamente en la perspectiva más amplia. En el idioma hebreo, la persona a la que se refiere es iden­tificada simplemente con un «alguien». Sin embargo, es claro que tanto Abigail como David saben que está hablando de Saúl. Ella le pide a David que recuerde cómo Dios lo dirigió en el pasado. Esto le dará la perspectiva correcta para la situación actual y esperanza para el futuro. En un mundo en el que no existían los cierres de cremallera, las mone­das se depositaban en pequeños paquetes que se colgaban del cinturón. Esta es una hermosa ilustración de la seguridad del cuidado que Dios tenía por David y que también tiene por nosotros. La segunda imagen debió evocar a David su juventud, cuando practicaba tiro con una hon­da mientras pastoreaba las ovejas. El objetivo de su práctica no era que las piedras cayeran cerca, sino lanzarlas lo más lejos posible.
En la última parte del discurso de Abigail, en el versículo 30, ella muestra una fe absoluta en las promesas de Dios. Aunque la promesa fue hecha a David, ella está absolutamente segura de que Dios la cum­plirá. Para Abigail, la cuestión no es si David será rey, sino cuándo será.
En el versículo 31 Abigail le recuerda a David que no hay una carga más difícil de soportar que una conciencia culpable. Quizás ella misma ha presenciado en su esposo algunos de los resultados de vivir con una mala conciencia. Sabemos por la historia posterior de David cuan cierta es esta afirmación. Mientras él se mantuvo cerca de Dios y anduvo en sus caminos, el poder de su reino aumentó. Por el contrario, después que pecó con Betsabé, todo fue de mal en peor. Incluso después de ha­berse arrepentido sinceramente, las cosas nunca volvieron a ser iguales.
En la última parte del discurso, cuando Abigail le pide a David que se acuerde de ella, pareciera como si le estuviera pidiendo un favor es­pecial para cuando se convierta en rey. Viniendo de una Abigail gene­rosa y desinteresada, esto puede parecer un tanto extraño. En la prácti­ca, no había mucho que un rey pudiera hacer por la esposa de un hom­bre rico. Por lo tanto, lo que Abigail parece estar diciendo es que ella está tan segura de que todo ocurrirá como ella dice, que quisiera formar parte de ello. De la misma manera, al pedirle a Jesús que se acordara de él, el ladrón expresó su fe mientras colgaba de la cruz. Consolar a los demás cuando se encuentran en una situación difícil o peligrosa y recordarles que Dios los guiará es fácil, pero, ¿estamos dispuestos a de­sempeñar un papel activo en la solución?
Respuestas
No podemos leer la historia de Abigail y David sin considerar el fi­nal. Abigail es enviada a David y se convierte en su segunda esposa (o la tercera, si contamos a Mical, la primera esposa de David e hija de Saúl, que había sido dada a Paltiel). Sería bueno dar un vistazo a la his­toria desde la perspectiva cultural de la época, en la que el matrimonio con más de una esposa era un símbolo de estatus social. Al parecer, to­dos los reyes del entorno tenían harenes, y que incluso el propio rey Saúl tuvo varias concubinas. Dada la alta tasa de mortalidad infantil, esta también pudo haber sido una manera de asegurar la supervivencia de un heredero.
En el caso de Abigail, es posible que David hiciera ese gesto como un medio para protegerla y proporcionarle un hogar seguro. Aunque la Biblia no dice nada de manera implícita contra la práctica de desposarse con más de una mujer, constantemente nos recuerda los dolores de cabeza, el sufrimiento y los resultados negativos de las familias polígamas, a la vez que enaltece el ideal de un hombre y una mujer unidos tan es­trechamente que llegan a ser «una sola carne» (Génesis 2:24).
Para Abigail, la vida después de casarse con David fue cualquier cosa menos el final feliz que estamos acostumbrado a ver en las películas de cine. Ella también tuvo que huir constantemente del rey Saúl. En Siclag, los amalecitas capturaron a Abigail y las familias de otros hom­bres. Más tarde fue rescatada. A partir de ese momento Abigail desapa­rece de la narración bíblica. Todos esperaríamos ver a esta bella e inteli­gente mujer junto al rey David desempeñando un papel importante en el resto de la historia. Sin embargo, se produce un repentino silencio. Lo último que sabemos de Abigail es que tiene un hijo llamado Quileab (2 Samuel 3:3), al cual se lo llama Daniel en algún otro lugar, y que era el segundo en la línea de sucesión al trono por orden de nacimiento; pero tanto ella como su hijo desaparecen del registro.
Muchos eruditos creen que ambos murieron. A causa de las viola­ciones, los asesinatos, los altercados y las rebeliones en que se vieron involucrados los hijos mayores, una muerte prematura no sería de des­cartar. Todas las acciones tienen una reacción. Sin darse cuenta, David estaba estableciendo un modelo para Salomón, quien practicaría la po­ligamia al punto de que sus numerosas esposas y concubinas lo arras­trarían a la idolatría. Jamás se pudo erradicar la idolatría que introdu­jeron las esposas de Salomón, lo que llevó a la división del reino y la desaparición final del reino de Israel. Tal vez a nivel personal debemos reflexionar y analizar algunas de nuestras costumbres modernas a la luz del ideal bíblico.
Reacción
Chantal: Me asombra la conciencia de identidad propia que tenía Abigail. A pesar de que obviamente no recibía el apoyo de su esposo, sino que este más bien tendía a menospreciarla, jamás perdió su sentido de la dignidad. Ella conocía a Dios y encontró su seguridad en él. Esto hizo de ella una mujer proactiva, creativa y con tacto. Como hija de Dios, deseo pedir ese mismo sentido de la dignidad.
Gerald: Debo confesar que me identifico con la respuesta airada de David cuando se tuvo que enfrentar a las palabras insultantes de Nabal. Creo que esta es una de las razones por las que Dios puso en mi vida a mi esposa Chantal, para que me diera sus sabios consejos. La sabiduría de Abigail y su manera de actuar son excelentes recordatorios de que no siempre puedo esperar a que los demás resuelvan sus problemas. Algunas situaciones requerirán un enfoque más proactivo. En tiempos de Abigail, los hombres solían tener la última palabra y se suponía que resolvían sus diferencias sin la colaboración femenina. Me alegra que Abi­gail se haya salido de la norma social, impidiendo así que el futuro rey de Israel se enfrentara a un problema mayor. ¿Asumiría yo el riesgo co­mo lo hizo Abigail?

La historia del Haloween

La celebración del Hallowen se inició en los Estados Unidos alrededor del año 1845. Existen indicios de que antes de esa fecha los peregrinos que llegaron a ese país provenientes de Europa habían prohibido dicha celebración; pero en el año 1845, miles de inmigrantes irlandeses inundaron Nueva York a causa de una escasez de papas. Fueron ellos los que trajeron consigo una vieja fiesta religiosas de los sacerdotes galos llamados "druidas", la cual gradualmente se propagó por el resto del país.
La celebración original no era llamada por su nombre actual de Halloween; empezó mucho antes de la era cristiana entre los antiguos celtas (bretones, galos, escoceses e irlandeses). El fin del verano marcaba el inicio del Año Nuevo Céltico; éste se celebraba ofreciendo sacrificios al "Señor del Cielo y de la Tierra": Samhain o Saman. La celebración se constituía en un día festivo llamado la "Vigilia de Saman". La imagen de ese dios pagano era la de un esqueleto sosteniedo una hoz o guadaña en su mano que más tarde llegó a ser conocido como La Muerte. El 1º de noviembre era la fecha en que los celtas celebraban el Día de la Muerte. Por esa época las hojas de los árboles caían, oscurecía más temprano y las temperaturas bajaban. Ellos interpretaban estos fenómenos estacionales como un decaimiento de su dios sol, el cual pensaban ellos, estaba perdiendo fuerza porque Samhain lo estaba subyugando.
La historia del HalloweenAdicionalmente ellos creían que el día anterior, el 31 de octubre, Samhain se reunía con los espíritus de todos los que habían muerto el año anterior. Estos habían estado confinados a habitar en cuerpos de animales durante todo un año como castigo por sus malas obras, y en la víspera de la fiesta, el 31 de octubre, se les permitía regresar a sus antiguos
hogares a visitar a los vivos. Para proteger a éstos, el sacerdote dirigía a la gente en ceremonias de adoración diabólica en las que eran quemados como ofrenda caballos, gatos, ovejas negras, bueyes y seres humanos, para apaciguar a Samhain y evitar que los espíritus de los muertos los lastimaran.
Los Druidas o sacerdotes, eran ministros quienes asimismo realizaban sacrificios humanos como ofrendas que servían para apaciguar la ira de los dioses. "La Vigilia de Samhain" era pronunciado en la primera Bretaña So-wein. En un intento de cristianizar este día de adoración pagana, en el año 800 la Iglesia Romana movió el Día de Todos los Santos del mes de mayo al 1º de noviembre. En inglés este día se llama el "All Hallow's Day" que pronto se acostumbró llamar "All Hallowe'en", y que pronto fue abreviado a Halloween que hoy en día conocemos. Los satanistas establecieron entonces la noche anterior, el 31 de octubre, como la noche de "Todos los Demonios", para que estos penetraran la noche anterior, consagrándola mediante hechizos, maldiciones y horrores.
Ø ORIGEN DE LOS DISFRACES
La noche del 31de Octubre los druidas fabricaban una enorme fogata de año nuevo. Quemaban animales, cosechas y seres humanos como sacrificios a su dios sol y a Samhain, su dios de la muerte. Durante esta ceremonia diabólica la gente usaba disfraces hechos de cabezas y pieles de animales. Entonces practicaban adivinación, saltaban sobre las llamas o corrían a través de ellas, bailaban y cantaban. Todo esto era hecho para ahuyentar a los malos espíritus. Los disfrazados iban de casa en casa, cantando y bailando. Sus máscaras con sangre coagulándose y sus grotescos disfraces servían para verse ellos mismos como espíritus malignos, y así engañar a los espíritus que entrarían ese día y evitar
ser lastimados por ellos.
Ø TRATO O TRUCO
Si por alguna razón alguien olvidaba disfrazarse o no podía engañar a los demonios vistiendo pieles de animales u otros disfraces, había una forma de exorcizarlos: haciendo con ellos un trato de comida y fruta y proveyendo al espíritu errante de albergue para la noche. Si el demonio quedaba satisfecho con su trato, no le harían truco arrojándole un hechizo maligno que le causara estragos. Los druidas en Irlanda recorrían los vecindarios y alrededores la noche del 31 de octubre para colectar ofrendas a Satanás. Ellos cargaban linternas, bolsas de dinero y varas de caña puntiagudas. En cada casa demandarían un específico importe. Si el dueño de la casa no daba la ofrenda, el druida castraría al humano con la vara o a uno de sus preciados animales. Años después, los granjeros irlandeses, emulando la costumbre druida de antaño, iban casa por casa rogando por comida para sus antiguos dioses. Buena suerte era prometida a todo aquel que donaba, pero amenazas eran hechas contra aquellos que no daban.
Ø EL HALLOWEEN HOY EN DÍA
No es difícil reconocer las similitudes entre las antiguas celebraciones de los celtas y sus sacerdotes paganos, con las costumbres aparentemente ingenuas de la celebración del día de Halloween de nuestros días. Los disfraces, aunque hoy son más variados y no solamente se utilizan cabezas de animales, son un fiel reflejo de la antigua costumbre. Asimismo lo son las visitas de casa en casa pidiendo dulces y la frase que utilizan de "truco o trato" con la amenaza de hacer travesuras a aquellos que se atreven a no dar lo que se les pide. Estas celebraciones parecieran ser inofensivas y hasta simpáticas.
El comercio y la sociedad las han aceptado y son ampliamente publicitadas. Hay todo un movimiento social que organiza celebraciones en casas, fiestas en clubes, los establecimientos comerciales adornan con motivos alusivos a prácticas ocultas, y aún los sectores más radicales de la cristiandad guardan silencio ante una práctica que ya no solo es exclusiva de la sociedad norte-americana, sino que ha llegado a Latinoamérica como un producto de importación más de la sofisticada sociedad de consumo norteamericana. ¿Qué daño podría haber en Halloween? Mas sin embargo puede ser un día dañino y peligroso.
Ø EL DAÑO DEL HALLOWEEN
Sin pecar de fanatismo, es necesario que revisemos los significados y las consecuencias que trae para nosotros, nuestras familias y la sociedad, la celebración del Halloween. Son varios los aspectos que debemos estudiar pero al menos aquí trataremos tres de ellos.
§ Halloween enfatiza la violencia y la muerte
El 6 de Enero de 1988 en California, la conocida periodista Ann Landers escribió una columna titulada "Los padres deben atacar la violencia". En ella se relataba un episodio en el que una maestra de cuarto grado les pidió a sus estudiantes escribir un breve ensayo de lo que más les gustaría hacer en Halloween. El 80 % de sus estudiantes de 9 años de edad expresaron que desearían "matar a alguien". Estas ideas los niños las han sacado de la TV y Halloween está desensibilizando a nuestros niños con la glorificación de la violencia, muerte, mutilación y sangre. Considere por un momento las películas "Pesadilla en la calle del Infierno", "Halloween" y "Viernes l3". Éstas son muy populares para ser vistas en la fiesta de Halloween. En estas películas se expone el sadismo, la violencia sexual, satanismo, tortura, mutilación y los más extraños asesinatos que lleva inconscientemente a nuestros niños a copiar esos comportamientos.
§ Halloween enfatiza el horror y el miedo
Para un niño una visita a una "casa embrujada" creada para Halloween podría ser una pesadilla. El sicólogo Marvin Berkowitz, de la Universidad de Marquette dijo: "Algunas casas embrujadas pueden incluso espantar a un adulto; los niños deberían entrar a ellas con un correcto estado mental" y recomienda que los padres "deben hacerle saber al niño que puede ser traumatizado con una experiencia como ésta". Un trágico producto del miedo, en la vida de los niños a temprana edad y en la adolescencia, es el interés e involucramiento en los fenómenos sobrenaturales de lo oculto.
§ Halloween enfatiza lo oculto
Halloween es dañino porque atrae las personas a lo oculto. Muchos niños son introducidos a prácticas ocultistas en las fiestas del Halloween, y atraídos a lo oculto por el poder que les ofrece. Otros lo ven como el mayor significado de la rebelión contra los padres. Personas que nunca se involucrarían en prácticas ocultistas en otro tiempo, lo experimentarán en fiestas de Halloween con sesiones, tablas de Ouija, levitación y otros rituales. Hace algunos años se detectaron instrumentos corto punzantes en las golosinas. Estadísticas reportan un incremento
en las desapariciones de niños durante las fechas próximas a la celebración del Halloween (los satanistas realizan sacrificios humanos en esa celebración).
Halloween es un día siniestro con raíces ocultistas. Es un día que honra a dioses falsos, demonios y a Satanás. A los cristianos que creemos en la Biblia como la palabra revelada de Dios a nuestras vidas, se nos instruye con las siguientes palabras: "...y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien Reprendedlas." Efesios 5.11
Ø PERSPECTIVAS CRISTIANAS AL HALLOWEEN
Desde una perspectiva cristiana, la celebración del Halloween no honra a Cristo. Sin embargo en nuestros días es más celebrado que nunca. Muchos adultos Ven esa noche como la única del año en que ellos pueden disfrazarse y actuar tontamente. Pero mientras niños y adultos imitan inocentemente las costumbres celtas, aún mayores prácticas persisten. Las brujas y los satanistas aún consideran Halloween como una de las épocas más fuertes del año para lanzar un hechizo. En Halloween la mayoría de los que practican la brujería participan de un ritual llamado "bajando la luna". En este ritual, según ellos, la bruja principal de la convención se convierte en un canal para la diosa luna. Las brujas y los satanistas son, por supuesto, una pequeña minoría. Pocas personas que celebran Halloween hoy en día alguna vez piensan en la oscuridad que sobrecoge a la mayoría de las prácticas del Halloween.
Una alegre niña disfrazada con un sombrero negro de punta y su respectiva vestimenta, difícilmente piensas en la muerte o en los espíritus de los difuntos. Ella piensa en dulces y diversión. Ella está entusiasmada con su disfraz especial. Y espera con ansias el peregrinaje casa por casa.
Los comerciantes también se anticipan al 31 de octubre, la venta de dulces,disfraces, decoraciones y golosinas para fiestas hacen al Halloween una de las temporadas con mayores ventas en el año.
El apóstol San Pablo escribió: "Todo me es lícito" . El se refería en esa ocasión a la libertad que tenemos de comer, inclusive lo sacrificado a los ídolos, ya que después de todo, los poderes sobrenaturales que se pretenden desatar en la celebración no tienen potestad sobre aquellos que pertenecen a Cristo. Pero a continuación de esa frase Pablo añade otra: "todo me es lícito mas no todo me conviene." (1 Cor. 8.9).Por tanto es a la luz de esto que los cristianos necesitan examinar cómo celebran el Halloween.
Ø LO QUE PUEDE NO LASTIMARLE A USTED, PUEDE LASTIMAR A OTROS
Pablo dijo que no dañaría a un cristiano comer carne sacrificada a los ídolos. Después de todo los dioses paganos a los que se les había sacrificado no eran dioses reales. En la misma luz, él probablemente diría que a los cristianos no se les prohíbe disfrazarse, o ir de trato o truco o asistir a fiestas de Halloween.
Después de todo, "sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios" (1 Corintios 8.9). Pero nos amonestó a que nuestra libertad "no venga a ser tropezadero para los débiles". Durante el Halloween los niños en particular son los débiles. Podríamos estar abriendo a nuestros hijos a las influencias del ocultismo. Además los cristianos nos encontramos eternamente en las manos del Señor, pero eso no es verdad en la mayoría de las personas a nuestro alrededor. Nosotros que hemos encontrado la vida en Jesús, deberíamos tener cuidado que nuestra libertad no impida a otros encontrar la misma vida eterna.
Ø LO QUE DICE LA PALABRA DE DIOS
La Biblia nos alienta siempre a tener "puestos los ojos en Jesús". En esa noche del año, la mayoría de los ojos no están puestos en Jesús sino en una imagen siniestra. La profesión de fe del cristiano lo lleva a la vida eterna, a un gozo que no tiene sombras. ¿Deberíamos realmente enfocarnos en el diablo, brujas y otros seres malignos, aún por una sola noche?
La Palabra también dice: "No seas hallado en ti quien... practique adivinación, ni agorero, ni sortilegio, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos" (Deut.18.9-11) y también: "y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas". Si nuestros hijos se visten de brujas y hechiceros, si colgamos adornos de fantasmas en nuestras ventanas, ¿qué hacemos, sino imitar lo maligno? Necesitamos aclarar como cristianos que las brujas y los malos espíritus no son divertidos ni inofensivos, sino representaciones de una realidad: que el reino de las tinieblas trata de atraerte hacia él, alejándote de la verdadera fuente de vida que es Jesucristo.
Ø ALTERNATIVAS CRISTIANAS
La celebración del Halloween es dañina y no glorifica a Dios. Debemos compartir esta convicción con nuestras familias. Hemos de remplazar la celebración del Halloween con algo que no esté asociado a ella en manera alguna. Como cristianos sería mejor que tuviéramos una noche familiar y hacer algo especial juntos. Podemos usar un principio que llamaremos del remplazo. La Palabra de Dios nos instruye en Romanos 12.21: "No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal".
Debemos renovar lo malo. Explique a sus hijos porque ya no está celebrando el Halloween, pero remplácelo con algo que glorifique a Dios. Sea creativo, haga una fiesta cosecha que enfoque a Cristo y la provisión que tiene para usted. Haga una fiesta de video cristiana. Haga una reunión de Gloria, donde se canten canciones cristianas y se predique la palabra. Forme un grupo y vaya de puerta en puerta (no disfrazados) y comparta pasajes del evangelio y luego reúnanse en grupo después para compartir sus experiencias.
Mi desafío más grande es éste: Considere en oración lo que Cristo quiere que usted haga. Que su deseo seas el de Santiago. "Someteos pues a Dios: resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y El ser acercará a vosotros." (Sant. 4.7-8).
Como cristianos, tenemos bastantes razones para celebrar. Mientras el mundo a nuestro alrededor se enfoca en actividades que honran al miedo y a la muerte, nosotros podemos celebrar a Aquel que da la vida.
Haga una fiesta de celebración a Dios, con niños y adultos también, vestidos como personajes de la Biblia y/o figuras de la historia Cristiana. O simplemente haga una fiesta pero no use ninguno de los símbolos usuales del Halloween en la decoración ni en las actividades.
La mayoría de las librerías cristianas tienen pequeños volantes acerca del Señor. Esto podría unirse a los dulces y dejarlos en cada bolsa que nos presenten. Durante la noche en que las convenciones de satanistas y brujas se reúnen para lanzar sus hechizos y llevar a cabo sus grotescos rituales, parece apropiado para los creyentes reunirse para alabar al único y verdadero Dios.
Alabe a Dios por su victoria sobre la muerte, Satanás, el infierno y sobre todo mal. Ore por todas las personas que no saben que Jesucristo quiere darles paz con Dios y vida eterna. Ore porque Jesús se revele en sus mentes y espíritus. En San Salvador varias Iglesias Cristianas se están uniendo para celebrar juntas el 31 de octubre de cada año, una noche de guerra espiritual y desenmascarar la mentira del Halloween. Junto a la alabanza al Señor, presentarán teatro cristiano con una coreografía impresionante, música inspirada y la verdad de Cristo. Únase a ellos y sea parte de esta guerra contra las tinieblas.
Haga lo que estime conveniente como cristiano pero lo que sea que haga en el día de Halloween, planifíquelo de acuerdo a esta guía bíblica "Hacedlo todo para la Gloria de Dios"
(1 Corintios 10.31)

Musica Sacra en Violin

Cantad a Jehová cántico nuevo; cantad a Jehová, toda la tierra. Cantad a Jehová, bendecid su nombre; anunciad de día en día su salvación. Proclamad entre las naciones su gloria, En todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; temible sobre todos los dioses.porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; pero Jehová hizo los cielos.  Alabanza y magnificencia delante de él; poder y gloria en su santuario. Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, dad a Jehová la gloria y el poder. Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios. Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra. Decid entre las naciones: Jehová reina.
También afirmó el mundo, no será conmovido; juzgará a los pueblos en justicia. Alégrense los cielos, y gócese la tierra; brame el mar y su plenitud. Regocíjese el campo, y todo lo que en él está; entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento, delante de Jehová que vino; porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.
Un Salmos extrahordina como presentacion para la musica sacra en violin, espero puedan disfrutar de estas hermosas alabanzas.




Jonatán: Nacido para ser un grande

Imagine una anotación en el diario de Jonatán en la víspera de la ba­talla de Micmas:
“La situación es desesperada. Esperábamos que los filisteos vinieran con un ejército de carros, así que teníamos la esperanza de llevar la ba­talla hacia un terreno más abrupto para ganar ventaja. Pero no esperá­bamos que se aparecieran con tres mil carros y seis mil hombres. No hemos podido estimar el número de enemigos, parecen tan numerosos como la arena de la playa”.
“Los filisteos ya han enviado tres escuadrones al ataque. Uno pa­rece dirigirse al vecindario de Sual, otro hacia Bet-horón, y el tercero pare­ce que ha alcanzado el valle de Zeboim. Después de esto, parece ser que su principal estrategia militar es la de llevar la batalla hacia un área en la que puedan utilizar cómodamente sus carros. Otra estratagema com­plementaria ha sido minar la moral de nuestros soldados. No hay duda de que los filisteos han tenido éxito. La última semana las deserciones han alcanzado una cifra récord. Parece que nuestros hombres se funden con las cuevas, los zarzales, las piedras, los huecos y las cisternas.
“Según el último recuento, solo nos quedan 600 hombres. La imagen de todos esos filisteos bien pertrechados me recuerda la precarie­dad de nuestro equipamiento. Mi padre y yo somos los únicos que dis­ponemos de una espada y una armadura como es debido. Los demás van armados con tridentes, palos o hachas. Para ser sincero, desde el punto de vista militar no tenemos ninguna posibilidad”.
“Sin embargo, aunque algunos piensen que estoy loco, creo que gana­remos. ¡Tenemos a Dios, y él está especializado en lo imposible! Estoy seguro que él actuará a nuestro favor. Nadie puede impedir que el Señor nos salve, sean pocos o muchos. Quizá Dios está esperando que alguien asuma el liderazgo; alguien que se adelante con fe. Tenemos un batallón de filisteos en el paso de Micmas. Me pregunto si...”
Personajes
Jonatán: Su nombre significa «Jehová ha dado». Es el primer hijo del rey Saúl. Sus padres, como todos los padres israelitas, debieron alegrar­se con su llegada. Jonatán es el primero en la lista de los hijos de Saúl (1 Samuel 14:49). La fama de Jonatán se debe a su carácter generoso y su completa confianza en el Dios de Israel.
Cuando en Micmas se enfrentó a un enemigo invencible, Jonatán, con­tra todo pronóstico y contraviniendo todo dictado de sentido común (1 Samuel 13:2 - 14:46), no dudó en dar un paso al frente en la fe. Él es un excelente ejemplo de cómo lograr un equilibrio entre ser fieles a nuestras raíces, y tener una amistad que podría requerir salimos de la rutina para tomar decisiones difíciles. La amistad de Jonatán con David es un ejemplo perfecto de lo que es un compromiso desinteresado (1 Samuel 18:1). Jona­tán muere junto a Saúl en la batalla del monte Gilboa, luchando contra los filisteos. Más tarde los filisteos exponen los cuerpos de Saúl y sus hijos en la muralla de Bet-san (1 Samuel 31:1-13). En una arriesgada incursión nocturna, los habitantes de Jabes de Galaad rescatan y queman los cuer­pos en descomposición y luego entierran los huesos en Jabes.
David: Es uno de los personajes principales del Antiguo Testamento. Su nombre podría ser un apócope de «Amado de [Jehová]». Él era el oc­tavo hijo de Jesé de Belén (1 Samuel 16:1-13), aparte de un valiente guerrero (1 Samuel 17). Cuando se desposa con Mical, la hija del rey Saúl, además de ser el yerno del rey se convierte en cuñado de Jonatán. El profeta Samuel ungió a David en secreto mientras el anterior rey ungido ocupaba todavía el trono. Los celos de Saúl forzaron a David a que abandonara la corte real y se convirtiera en el líder de una banda de guerreros curtidos en la batalla que, aparentemente, habían caído en desgracia ante el régimen de Saúl (1 Samuel 22:1, 2). Tan pronto como David obtiene, al menos parcialmente, el control del reino, inicia una campaña para convertirlo en una potencia regional, establece la nueva capital en Jerusalén (2 Samuel 5:6-16) y somete a los distintos grupos tribales que lo rodean.
El escudero de Jonatán: Aunque desconocemos tanto sus orígenes como su nombre, este desempeña un importante papel en la milagrosa victoria de Jonatán sobre los filisteos en la batalla de Micmas. Su res­puesta a la atrevida invitación de Jonatán a que atacaran la guarnición filistea mejor situada es de algún modo un eco de la propia abnegación y deferencia de Jonatán hacia David (1 Samuel 14:7).
Saúl: Fue el primer rey de Israel y el padre de Jonatán. Pertenecía a la tribu de Benjamín. Su nombre significa «al que le piden». Dios lo es­cogió para que reinara sobre Israel (1 Samuel 9-11). Al principio Saúl ob­tuvo importantes victorias militares, pero a causa de su negligencia en el cumplimiento de los mandamientos divinos (1 Samuel 13:13; 15:14-23), Dios termina rechazándolo y haciendo que el profeta Samuel unja en a David en secreto. Dado que fue escogido en una época de conflictos, como primer rey de Israel Saúl centra su atención principalmente en los asuntos militares más que en el desarrollo de la nación.
Los filisteos: Durante el último periodo de los jueces y los primeros años de la monarquía, los filisteos, situados principalmente a lo largo de la costa occidental de Canaán, fueron los archienemigos de los is­raelitas. Estos estaban organizados como una confederación de ciudades estado, entre las que se contaban Asdod, Ascalón, Ecrón, Gat y Gaza. Los datos arqueológicos sugieren un estrecho vínculo con la cultura egea, posiblemente vía Chipre.
Información sobre el contexto
La historia de Jonatán y David es la historia de dos familias. Durante los primeros días de la monarquía, la lealtad al clan y a la tribu era to­davía muy importante. El poder del rey aún no había alcanzado la for­ma de lo que entendemos como monarquía (a la luz de la larga historia de las poderosas monarquías europeas en los siglos que prece­dieron al período de la Ilustración).
Los primeros reyes de Israel no tenían una capital definida y se sentían en casa (y apoyados) en el país de sus ancestros (1 Samuel 10:26). El ungi­miento de David mientras Saúl era todavía el rey designado por Dios fue causa de tensiones y celos entre ambas partes (1 Samuel 16:1-13). El declive de Saúl está contrarrestado por el fuerte auge de David. A causa de su des­treza militar y su capacidad de liderazgo, David se convierte en el cam­peón del pueblo (1 Samuel 18:5-7). Naturalmente, esto desagrada a Saúl (1 Samuel 18:8, 9), especialmente si consideramos que en ese momento no había tradición real en Israel, y por lo tanto, el liderazgo militar parecía ser el factor clave para la calificación de un rey israelita.
Los años que David vivió como fugitivo de Saúl, incluido su exilio en territorio filisteo (1 Samuel 27), ponen nuevamente de manifiesto el importante elemento de las relaciones tribales o de clan. Según se pue­de ver en ejemplos contemporáneos de sociedades tribales, en cierto modo las lealtades y las alianzas son de naturaleza provisional y pue­den cambiar de un día para otro, dependiendo de la situación y las necesidades. La obsesión de Saúl por derrotar a David deja de manifiesto la presencia cada vez menor de Dios en su vida y en la vida de Israel. La Palabra de Dios ya no es relevante para Saúl, puesto que no encaja en su visión de las cosas.
Acción
En realidad, Jonatán es un protagonista que no busca llamar la aten­ción sobre él. Su acción más heroica fue la de atacar por su propia cuenta un puesto militar filisteo en Micmas. En esta aparentemente alocada em­presa, Jonatán tiene el apoyo de su joven y leal escudero. Para entender un poco mejor la acción, será útil prestar atención al diálogo de Jonatán con su escudero, registrado en 1 Samuel 14:6-10. Este pasaje muestra la fe de Jonatán en el Señor, no como una deidad más o un dios que nece­sita ser pacificado mediante un sacrificio, sino como un Dios que se in­volucra personalmente en los asuntos de Israel. La fe activa de Jonatán en la providencia y dirección divinas establece una diferencia funda­mental con su padre Saúl. Más tarde, David parece demostrar una pro­fundidad de fe y un reconocimiento de la divina providencia similares en su encuentro con Goliat (1 Samuel 17:37).
Cualquier lector que lea la narración original en hebreo captará inme­diatamente el juego de palabras entre la señal acordada en 1 Samuel 14:10: «Jehová los ha entregado», y el nombre de Jonatán, que significa exacta­mente lo mismo. La elección de esta señal es irónica: La orden divina para que Jonatán entre en acción es precisamente su nombre. Al salir de su es­condite y entrar en el campo visual de los guardias, los filisteos reaccionan como se había esperado. Jonatán y su escudero avanzan, matando a veinte enemigos. Cunde el pánico y tiembla la tierra. Se consideraba que los te­rremotos eran una señal de la intervención divina (véase 1 Samuel 7:10) y solían estar relacionados con las teofanías, las apariciones divinas (véase Jueces 5:5; 2 Samuel 22:8; Salmo 29). Aunque Jonatán y su escudero se mostra­ron realmente valientes, el autor bíblico quiere que el lector se dé cuenta de que Dios una vez más actúa como el guerrero divino que lucha por su pueblo. La victoria para Israel es un logro de Dios, no de Jonatán.
El acto más abnegado de Jonatán es cuando reconoce que Dios ha llamado a David. Aquí actúa en claro contraste con su padre Saúl, quien se aferra al trono y a la posición que ocupa. Al proteger la vida de David y establecer un pacto con él, Jonatán abandona consciente­mente su ambición y su sueño (1 Samuel 20). Saúl reconoce la amistad entre los dos jóvenes y, lleno de ira, insulta a Jonatán (versículos 30, 31). Es­to sin embargo no parece afectar a Jonatán, lo que demuestra hasta qué punto llegaba su amistad con David. Los versículos 16 y 17 relacionan las implicaciones legales de las relaciones basadas en un pacto (lo que también es visible en otros textos no bíblicos del antiguo Oriente Próxi­mo) con el concepto de amor. Con todo, el amor entre David y Jona­tán va más allá de la lealtad y el oportunismo político. Este se basa en una amistad genuina. Los actos hablan con más fuerza y duran más que cual­quier conquista militar. Este acto era arriesgado: Casi le cuesta la vida a Jonatán, al lanzarle su padre una lanza (versículo 33).
En profundidad
¿Cómo podemos saber qué es lo que quiere Dios para nosotros en una situación específica? Como cristianos, es allí donde entra en juego nuestra fe. En esta sección veremos cómo Jonatán se dio cuenta de que la voluntad de Dios era que atacara a los filisteos en Micmas (1 Samuel 14:1-14).
Para empezar, Jonatán entendió quién era Dios. No se trataba de probar si Dios existe. Él confiaba absolutamente en él. Estaba totalmente seguro de que Dios puede salvar. «Para él no es difícil salvarnos, ya sea con mu­chos o con pocos» (versículo 6, NVI). Él no quiere manipular a Dios ni forzar­lo a actuar, sino descubrir cómo encaja él en los planes de Dios. La actitud de Jonatán es la correcta. Él está preparado para aceptar la voluntad divi­na, y no quiere usarla como pretexto para hacer lo que le parezca o forzar a alguien a que entre en su plan. En el versículo 9 deja claro que sí Dios se lo indica, él está preparado para quedarse y no subir «adonde están ellos». Elena G. de White nos aconseja a «ejercer sabiduría y juicio en toda acción de la vida, a fin de no colocarnos en situación de prueba por procederes temerarios. No debemos sumirnos en dificultades descuidando los medios que Dios ha provisto y usando mal las facultades que nos ha dado».
John Wesley se adhiere a esta idea, al advertirnos: «No os apresuréis a atribuir cosas a Dios. No asumáis que sueños, voces, impresiones o visiones son revelaciones de Dios. Pueden ser de él, pueden ser natura­les, o pueden ser del diablo. Por lo tanto, "no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios"». La Biblia nos advierte: «No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios» (1 Juan 4:1). También nos dice: «Examinadlo todo y retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21). Ese examen comienza por descubrir qué dicen las Escrituras res­pecto a un tema determinado. Dios siempre actúa en armonía con su voluntad revelada en la Biblia.
Sucede que, cuando conocemos bien a una persona, podemos pre­decir cuál será su elección o qué dirá ante una situación determinada. Cuanto más cerca estamos de alguien, más fácil nos resulta saber su vo­luntad, aunque las circunstancias sean completamente nuevas. De igual manera, mientras más nos familiarizamos con la Biblia, llegamos a en­tender mejor qué es lo que Dios quiere que hagamos en cada nueva si­tuación que se nos presenta. Comparado a nosotros, Jonatán solo dis­ponía de una pequeña porción de las Escrituras. Aun así, él sabía que Dios había llamado a Israel y lo había escogido, y que había prometido luchar por su pueblo y salvarlo si este volvía a Dios en busca de ayuda. Saber cuál era el plan maestro de Dios ayudó a Jonatán a definir mejor lo que Dios esperaba de él ese día en Micmas.
A veces la línea que separa la fe de la presunción puede parecer muy fina. Jonatán entendía que Dios no tiene límites. Él no quiso manipular a Dios para que hiciera lo que él quería. Más bien, miró a su alrededor para asegurarse de que las circunstancias eran providenciales. Estuvo dis­puesto a esperar o avanzar. Lo importante es que Jonatán esperó a que Dios le revelara su voluntad mediante la señal que él le propuso.
De igual manera, nosotros debemos mirar a nuestro alrededor y fi­jarnos si las circunstancias son providenciales. ¿Nos está hablando el Señor por medio de los acontecimientos o las personas de nuestra vi­da? Es ahí donde tenemos que buscar una señal.
Es importante resaltar que Jonatán no confió exclusivamente en sus propias impresiones. Él consulta a otra persona temerosa de Dios y le confía sus planes y sus ideas (1 Samuel 14:6, 7).
Finalmente, Jonatán decide avanzar. Puede decir con fe y seguridad absolutas: «Ven conmigo [...], porque el Señor le ha dado la victoria a Israel» (versículo 12, NVI).
Respuestas
La amistad conlleva una relación benéfica mutua entre dos o más per­sonas. Esta sería una buena definición científica. Pero la amistad no es ni clínica, ni estéril. En ella están implicadas las emociones, puede causar do­lor, y exige un esfuerzo y un compromiso continuos. A veces, la relación entre Dios y un ser humano se describe en términos de amistad. Abraham es referido como el amigo de Dios (Isaías 41:8; Santiago 2:23). Moisés, cuando hablaba cara a cara con Dios «como habla cualquiera con su compañero» (Éxodo 33:11) es otro ejemplo de amistad entre Dios y un ser humano.
En el Nuevo Testamento, Jesús ilustra esta amistad entre Dios y el hombre con más ejemplos. Al fin y al cabo, él es la Palabra encarnada, el Creador del universo. La amistad de Dios no solo está reservada para los justos y los que se la merecen (aquellos que no necesitan médico [Mateo 9:12]). Él busca también a los marginados, los solitarios y los pe­cadores (como las prostitutas y los publícanos); gente de quienes la mayoría de nosotros nos aparataríamos como si estuviesen contamina­dos. En su oración sacerdotal, Jesús vincula la amistad con el acto de guardar los mandamientos (Juan 15:14), no como un medio de salva­ción, sino como una imitación del amor de Jesús y su interés por la co­munidad («como el pámpano permanece en la vid»).
La amistad también está estrechamente ligada a la identidad. Solo po­dré ser un buen amigo si me conozco a mí mismo, si soy capaz de amar, y si acepto los peores rasgos de mi carácter. Amar al prójimo como a mí mismo es uno de los principios básicos de la amistad (Levítico 19:18). Jesús se basa en este importante concepto y lo expande para incluir, además de los amigos (o aquellos a quienes nos resulta fácil amar), a los ene­migos (Mateo 5:43, 44). Basada en esta luz, la amistad de Jonatán debió florecer a partir de un profundo reconocimiento propio de lo que él era como persona. Él encontró su lugar en la vida, aunque no fuera en el palacio de Gilboa.
En nuestro tiempo, la abnegación está completamente pasada de mo­da. Ceder el asiento a una dama en un vagón del metro o en el autobús se puede interpretar como un acto de paternalismo o de chauvinismo, al menos en Estados Unidos. Una vez más, Jesús es nuestro modelo. «El, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo» (Filipenses 2:6, 7). Él se hizo siervo para servir a la humanidad. Jesús es digno de ser imitado. Co­menzando por el establo de Belén y siguiendo con el taller de carpinte­ro en Nazaret, el plan maestro de Dios para la encarnación no incluía palacios reales ni alfombras rojas. En su lugar, Jesús estaba llamado a mezclarse con las masas sudorosas y malolientes, a tocar a los impuros y servir a los despojados.
El servicio de la Santa Cena es una buena ilustración de este principio de abnegación. Mientras los discípulos discutían quién de ellos ocuparía el preciado lugar a la diestra de Jesús (tanto en el banquete como en el rei­no que pronto tendría que venir), este se despojó de su manto, se inclinó para tomar la jofaina y la toalla, e inició la aparentemente denigrante tarea de lavarles sus pies sucios y malolientes. El autor y compositor estadouni­dense Michael Card captó esta escena de manera extraordinaria:
En el aposento alto
una parábola está a punto de hacerse realidad.
Mientras ellos discuten quién es el mejor
él se levanta en silencio con mirada adolorida.
Su Siervo Salvador les da el ejemplo
mediante la fuerza del agua
y la suavidad de la toalla.
El llamado es a la comunidad
el poder empobrecido que libera el alma.
Para que humildemente tome el voto
de tomar cada día la jofaina y la toalla.
Reacción
Chantal: La vida de Jonatán demuestra lo importantes que son tam­bién los papeles secundarios. A veces siento que si no soy la presidenta, cofundadora o directora de algo es porque no soy tan importante. Pre­sentarme como una simple ama de casa que educa a sus hijos en el ho­gar suena poco interesante, sobre todo después de haber sido profesora en un seminario. Sin embargo, Jonatán es una excelente demostración de que desvivirse por estar en una posición destacada no es lo que el cielo entiende por grandeza. La vida de Jonatán como amigo y como hijo irradia calidez, lealtad y una fe inconmovible. Deseo que esa fe, esa calidez y esa lealtad brillen en mi vida como hija, esposa y madre.
Gerald: Al parecer, la amistad es una especie en vías de extinción, al menos en el mundo occidental. Las personas se han vuelto prescindibles y la palabra sacrificio se ha convertido prácticamente en un insul­to. ¿Aún recordamos a nuestro mejor amigo de la escuela o de la uni­versidad? ¿Seguimos en contacto con ese amigo o amiga? ¿Alguna vez los superficiales y enervantes estilos de comunicación de Twitter y Facebook sustituyeron los momentos de intimidad que la conversación y la relación cara a cara solían tener? El estilo de amistad de Jonatán es un don inigualable. Me alegro por todos esos amigos que a menudo me han sorprendido con su lealtad y dedicación. No obstante, me pre­gunto hasta qué punto puedo responder de una manera desinteresada; o si estoy demasiado ocupado «calculando los costos» sin antes actuar.

Algunos eruditos han sugerido que la amistad entre David y Jonatán iba más allá de una amistad sana entre dos hombres. Sin embargo, esta es solo una conjetura de una historia de la edad de hierro del antiguo Oriente Próximo vista desde la perspectiva de los convencionalismos y los temas que preocupan a la sociedad del siglo XXI. Aunque Jonatán «amó» a David (1 Samuel 18:1), también lo amaban Judá e Israel (1 Samuel 18:16), así como Saúl y sus siervos (1 Samuel 18:22).
La raíz hebrea traducida como «temblar» o «miedo» es la misma que se usa en 1 Samuel 13:7, donde se describe de manera irónica la reacción de los israelitas cuando se enfrentan al poderoso ejército filisteo. En esta ocasión la situación ha dado un vuelco, y son los filisteos quienes ahora tiemblan y se muestran teme­rosos.

Miguel Angel Nuñez, Jehova es mi Pastor

El nos dice:
Sueño con un mundo donde las familias sean realmente el centro de la sociedad. Hogares donde prime la paz, la armonía y el proceso de convertirse en persona, pero de manera sana, sin violencia, cohersión ni dependencia.
Mi misión personal es lograr que el mayor número de personas aprenda a vivir en paz y a construir familias positivas que hagan la diferencia en un mundo marcado por conductas erráticas. Familias donde el machismo, el sexismo y otros ismos destructivos, sólo sean una historia del pasado.
Soy nacido en Argentina, y criado en Chile. Tengo las dos nacionalidades lo que me ha permitido una perspectiva un poco menos desapegada a nacionalismos de cualquier tipo.
He sido profesor universitario por más de 20 años. He enseñado en Chile, Perú y Argentina. También he sido y soy profesor invitado para universidades de Colombia, Ecuador, México, y EE.UU.
Soy Doctor en Teología con especialidad en Sistemática, además de Licenciado en Filosofía y Educación. Orientador familiar por más de 20 años y escritor (en mi sitio web pueden ver los libros que he escrito). Actualmente enseño en la Universidad Linda Vista, en Chiapas, México.
Mis áreas de interés académica son antropología, ética, bioética e investigación cualitativa. Los temas que más me atraen son familia, matrimonio, investigación, temas de género y todo lo que se relacione con el ser humano en las más variadas instancias.

Jehová es mi Pastor es la semana de oración que presenta, estoy tratando de ver la forma de como poder darles la opción de descarga, así que oren mucho para ver si encuentro la forma de descargarlo. Debido a sus estudios puede darle una nueva forma de traducción al Salmo 23.

Ver Sermón Jehová es mi Pastor del Dr. Miguel Ángel Nuñez

Cuarteto Bethel

Buen día, Cuarteto Bethel de Chile tiene hermosas canciones que inspiran a todo cristiano la que mas me gusta a mi se llama Alfha y Omega, es una canción plenamente Cristo céntrica.
Las otras canciones se llaman Hijo Prodigo, Jamás temeréis, Noé, Oh que cerca estas, Postrado le dije santo, El hogar , Seco mis lágrimas y Campeón de amor. Las dos últimas no corresponden a ellos.

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Sexualidad en el matrimonio

Por Miguel Angel Nuñez
Es increbile que el Señor no haya creado a todos de forma distinta, tanto el hombre y la mujer son muy distinto por eso es que quizas en el matrimonio forman el circulo perfecto, o se supone que deberia terminar asi, pero hablar de sexualidad en el matrimonio es un punto muy crucial, en especial para los hombres.
Primero definamos sexualidad:y en Wikipedia encontre una definicio a mi parecer correcta:
La sexualidad es un universo complejo en el cual intervienen aspectos tanto biológicos, como psicológicos y sociales.
La sexualidad engloba una serie de condiciones culturales, sociales, anatómicas, fisiológicas, emocionales, afectivas y de conducta, relacionadas con el sexo que caracterizan de manera decisiva al ser humano en todas las fases de su desarrollo.
 Quizas el leer la definicion de sexualidad te preguntes ¿Eso significa Sexualidad? pues si ni mas ni menos, es algo mas que un acto coital en una noche romantica, engloba mas que eso y con esto hago preambulo al Dr. Miguel Angel Nuñez, quien dara un seminario sobre Sexualidad en el Matrimonio Cristiano, espero pueda esclarecer muchas dudas.

Apto para jovenes y adultos.


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Ana: como aprender a ser alguien

La historia de Ana es muy íntima. A continuación presentamos una entrevista imaginaria con esta mujer tan especial.
Pregunta: Ana, ¿qué importancia tienen los hijos en su cultura?
Respuesta: Toda nuestra cultura gira alrededor de los hijos. ¡Es que so­mos los hijos de Israel! Cuando hace mucho tiempo Dios hizo un pacto con nuestro padre Abraham, la promesa tenía que ver con los hijos. Él le aseguró a Abraham que seríamos tan numerosos como la arena de la pla­ya o las estrellas del firmamento, y que nos daña esta tierca como heren­cia eterna. Creo que cada uno de nosotros se considera un eslabón de una cadena viva que se extiende por todas las generaciones desde Dios hasta Egipto, continúa a través del peregrinaje por el desierto y alcanza la Tierra Prometida. Esa cadena viva se extiende a través de nosotros hacia las gene­raciones futuras que quieran formar parte del pacto. Cada familia tiene una parte de la Tierra Prometida así como tenemos una parte de la prome­sa de Dios. Así que, una pareja que no tenga hijos a quienes transmitir la tierra se enfrenta a un triste destino. ¿Se imagina que después de tantas ge­neraciones la cadena se termine en usted? Habría fracasado miserablemen­te en lo más importante de la vida. Habría roto la cadena viva de la pro­mesa que Dios hizo a Abraham para todas las generaciones. Además, sur­gen las preguntas prácticas de todos los días: ¿Quién trabajará la tierra cuando seamos demasiado viejos? ¿Quién cuidará de nosotros en la vejez?
Pregunta: Entrando en un ámbito más personal, díganos qué siente de ser estéril.
Respuesta: Me siento inútil. Le he fallado a Elcana. Lo que para los demás llega de manera natural, para mí es prácticamente imposible. Todas mis amigas empezaron a tener hijos y pronto fui la única que no tenía un bebé. Ya no formaba parte de su mundo. Los que me rodeaban se sen­tían incómodos. Mes tras mes mi esposo me miraba con expectación y yo tenía que negar en silencio. Finalmente, acabó por tomar otra esposa. Esa noche en la cama lloré desconsolada. Aunque Elcana era amable y cariñoso conmigo, nunca volvió a ser lo mismo. Pronto, Penina alumbró a un hijo y puso de manifiesto el hecho de que el proble­ma de tantos años era yo, y no mi marido. Pensé que hasta entonces había sido desdichada. Ese fue el principio de una verdadera agonía pa­ra mí. Penina tiene mil maneras de decirme que yo no era deseada: en la mirada, en la entonación y en las conversaciones privadas que ella hacía que yo escuchara furtivamente. Soy como una extraña, una foras­tera, una enemiga de mi propia casa. Lo único que me queda es Dios, aunque a menudo me pregunto por qué él me hizo estéril. ¿Acaso es el castigo por algún pecado oculto? ¿Quizá no me considera digna de for­mar parte del pueblo del pacto? ¿O es que no me ama?
Personajes
Ana: En hebreo, Ana significa «gracia favorecida», lo que irónica­mente es un contrasentido si tenemos en cuenta que era estéril. Ana era una mujer paciente que había soportado años de provocaciones y du­das sobre si debía endurecerse o amargarse. Su fe en Dios, a quien du­rante muchos años no pudo ver que obraba de manera activa a su fa­vor, hace que su personaje permanezca en vela durante toda la historia. Ella está dotada para la poesía y usa ese don para alabar a Dios con elo­cuencia. Es uno de los muchos personajes bíblicos que no pudieron concebir de manera natural y que tuvieron un hijo de manera milagro­sa. Tal vez a causa de las circunstancias de sus nacimientos, esta clase de hijos siempre son cualquier cosa menos corrientes. En el caso de Ana, su relación con Samuel no terminó al dedicarlo al Señor o cuando él se fue de la casa. Día tras día lo envolvía en oraciones mientras cada año preparaba algo especial para él. Ana obtuvo una rica recompensa por el presente que le hizo a Dios: tuvo más hijos (1 Samuel 2:21).
Elcana: Su nombre significa «Dios ha creado/tomado posesión». El autor bíblico nos da una extensa genealogía de Elcana que nos ayuda a establecer su linaje, le da al relato un punto de referencia histórico (me­diante el cual el lector puede comprobar los hechos) y nos habla de raíces importantes. La genealogía también insinúa lo que se perdería de no haber heredero. En 1 Crónicas 6:27, 34 se sugiere que con toda pro­babilidad se trataba de un levita que vivía en el territorio de Efraín, lo que haría que el servicio de Samuel en el tabernáculo fuera incluso más legítimo. Elcana intentó mantener la paz entre sus dos esposas, aunque él también era víctima de la situación.
Al igual que Abraham y Sara, Elcana también es un buen ejemplo de alguien que hace las cosas a su manera y toma una segunda esposa.   Elcana está comprometido con la adoración del Señor y asiste fielmen­te al peregrinaje anual al tabernáculo. También apoya el voto de Ana, ya que el voto de una mujer casada tenía que ser ratificado por su es­poso.
Penina: Este es el personaje de la historia que transforma una situación desdichada en una mala situación. Cuando llega a la casa sin hijos de Elcana y su primera esposa Ana, a pesar de dar a luz a varios niños, no está satisfecha. Se dedica a hacer que la vida de Ana sea miserable. Incluso du­rante las fiestas religiosas más importantes no deja de aterrorizarla.
Elí: Elí es un personaje lleno de contrastes. Él pudo haber sido uno de los líderes más poderosos y eficaces de Israel, pero en realidad era débil e ineficaz. Elí tiene un corazón amable y tierno como el de Ana, pero su amor paternal lo controla, lo que lo lleva a ser excesivamente indulgente con sus hijos (1 Samuel 2:29). Elí opta por evitar los conflic­tos en la educación de los hijos. Aunque la adoración a Dios era el cen­tro de su vida, sus hijos se habían convertido en sus ídolos. Esto con­trasta con la actitud de Ana, quien estaba dispuesta a entregar su amado y largamente esperado hijo a Dios y su servicio aun cuando ello signi­ficara que solo lo podría ver una vez al año.
Samuel: Samuel es el personaje más joven de la historia y aparece solo hacia la mitad de la narración. Con todo, es muy importante. Él es el tes­timonio vivo de que Dios escucha nuestras oraciones. La vida de Samuel demuestra que la adoración no es solo cosa de adultos. Él de niño sirve y adora a Dios. Aprende a servirlo y a participar, no solo como espectador, sino como un actor más de la adoración. La Biblia afirma que «el joven
Samuel iba creciendo y haciéndose grato delante de Dios y delante de los hombres» (1 Samuel 2:26). Siglos más tarde, esta declaración tendría un eco en la descripción de la infancia de Jesús (Lucas 2:52).
Información sobre el contexto
El periodo de tiempo que transcurre entre el establecimiento de los is­raelitas en Canaán y la coronación del primer rey cubre aproximadamen­te 350 años. Fue una época llena de claroscuros, de altibajos, en la que se repite un patrón: Israel se olvida de la Ley de Dios y sus poderosos actos del pasado, adora a ídolos y es vencido por uno de sus poderosos veci­nos. Cuando toca fondo, se vuelve hacia Dios y pide ayuda. Dios hace surgir a un juez para liberar al pueblo y dirigirlo en su camino de vuelta al redil. Tan pronto como desaparece la generación del juez, la siguiente cae de nuevo en la idolatría y el ciclo vuelve a empezar.
El último juez conocido antes de la llegada de Elí fue Sansón, el for­tachón débil. Aunque con él Israel vivió un momento de cierto respiro dado que se llevó por delante a un buen número de líderes filisteos en su último acto de juicio, no se dio un verdadero reavivamiento. Israel estaba sumido en el caos religioso, político y social. Cada uno hacía lo que realmente quería (Jueces 17:6). El culto a Dios estaba comprometi­do. Los hijos de Elí eran «hombres impíos» (1 Samuel 2:12) y los que ser­vían en el tabernáculo parecían haber olvidado de qué se trataba el sa­crificio, pues pensaban solo en su propia ganancia. En el horizonte no se veía ninguna autoridad centrada en la persona de un juez fuerte. El panorama era sombrío.
Acción
A primera vista, la trama de esta historia parece sencilla. No es un argu­mento cargado de acción en el que intervienen reyes y hay batallas decisivas que cambiarán el curso de la historia. Se trata de la historia de una mujer estéril que se enfrenta a sus problemas, que ora pidiendo un hi­jo, y que cuando recibe el hijo durante tanto tiempo anhelado lleva a cabo la más desconcertante acción: lo devuelve a Dios. Con todo, esta sencilla narración nos habla de la manera en que Dios vela historia. Si bien podemos pensar que los hombres que hacen grandes cosas son los que escriben la historia, el relato de la historia de Ana demuestra que el modelo de una vida cotidiana, común y corriente, no está exento de importancia. Nuestra vida, nuestros problemas y nuestros anhelos son importantes para Dios. La vida de cada uno de nosotros, incluso la de los aparentemente más insignificantes, está entretejida en el gran tapiz de la historia diseñado por Dios, y traerá un fruto significativo a la luz de la eternidad. La mujer estéril, abrumada por su dolor personal y el sacrificio, no tenía manera de saber que el hijo que entregaba a Dios sería un gran profeta y un juez que dejaría una marca inequívoca en el transcurso de la historia de Israel.
Tal vez por tratarse de una vida común vivida por gente común, en la mayor parte de la acción se producen situaciones comunes. La acción que se desarrolla entre las colinas de Efraín y el tabernáculo es el marco de la historia (1 Samuel 1:3), lo que representa un inicio singular para un libro bíblico. Aunque el libro se enfoca en grandes movimientos nacionales e internacionales, la narración comienza en un ámbito muy personal e ín­timo, con una esposa desesperadamente desdichada a causa de su esteri­lidad. El lector es rápidamente involucrado en la cotidianidad de esta fa­milia, lo que nos lleva al tabernáculo. Ante la provocación constante de Penina y el aparente silencio de Dios, Ana empieza a orar. Su oración es tan viva, que Elí presupone que está ebria. La buena noticia para nosotros es que los actos de Dios no quedan confinados a su tabernáculo. Dios actuó en casa de Ana y nació Samuel. Luego regresamos al tabernáculo junto a Ana, el pequeño Samuel y Elcana, donde la primera cantará un maravilloso canto de alabanza. En la historia, Ana pasa de ser víctima a ser vencedora.
En profundidad
En esta sección nos enfocaremos en el canto de alabanza que Ana entona cuando trae al pequeño Samuel al tabernáculo. En los tiempos bíblicos, la música no se hacía con fines comerciales como hoy en día, en que la gente colabora para producir discos que tienen que ser distri­buidos en fechas determinadas. Los cantos bíblicos no se creaban por encargo, sino que surgían en respuesta a una circunstancia particular de la vida. Muchos de los cantores (y por lo tanto, autores de los cantos) eran mujeres. El contexto del canto de Ana es sobrecogedor: La madre entrega lo que siempre deseó, un hijo, para que se quede en el santua­rio bajo la custodia y el cuidado de un anciano y sus perversos hijos, quienes «no tomaban en cuenta al Señor» (1 Samuel 2: 12, NVI). A pesar de todo, ella canta.
En realidad, su canto es un salmo de fe que mira más allá de lo visible para ver lo invisible, un mundo al revés. El canto de Ana está colmado de iconografía militar, lo que es un eco del tema de la gran controversia. Este empieza y termina con el Señor levantando un cuerno. En poesía, el cuer­no solía usarse como símbolo de fuerza (Salmo 18:2; 148:14).
En 1 Samuel 2:2 se enfatiza el hecho de que Dios es incomparable y único. Nos encontramos en una época de idolatría nacional, y la gran mayoría de los israelitas ven a Dios como uno más entre muchos otros dioses. Sin embargo, Ana se da cuenta de que Dios es especial. Él no es­tá atado a una función o a un lugar específico, ni está obligado a seguir nuestras reglas del juego. Más bien, nos invita a que desaprendamos las reglas de la vida tal como las solemos vivir y reaprendamos a ver la vida desde el punto de vista divino. Él nos invita a acudir al refugio de la Ro­ca. Como descripción de Dios, la roca simboliza la protección y la fuer­za, por lo que tiene un significado mesiánico.
El versículo 3 comienza con una advertencia contra el orgullo y la arrogancia. Estas actitudes muestran que quien habla no sabe con quién está tratando y no se ha apercibido de la verdadera grandeza de Dios. Una de las primeras cosas de las que tenemos que darnos cuenta en presencia de Dios es de la necesidad de ser sinceros. No hay nada que pueda impresionar a Dios. Él nos conoce y sabe nuestros motivos. «A él le toca pesar las acciones» (versículo 3).
El versículo 4 nos presenta una imagen militar. Los miembros más temidos de un ejército eran probablemente los arqueros, ya que una potente barrera de flechas era capaz de cerrar el paso a un gran ejército en orden de avance. Pero aquí tenemos la imagen contraria. El poder superior en la batalla no significa nada para Dios. Para él, quebrar los arcos de los guerreros es cosa sencilla. Él puede fortalecer a los que se tambalean y que están prácticamente derrotados. Generalmente, la res­puesta de Dios no es una muestra súbita de un poder de ataque supe­rior, sino la persistencia imposible que él otorga a su pueblo (Isaías 40:31; 42:3). Tal vez uno de los mayores milagros que Dios obra en nosotros es nuestra capacidad de seguir avanzando ante las pruebas o las dificul­tades de la vida cada vez que echamos mano de su poder. El poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad cuando permitimos que él bri­lle a través de nuestro quebranto.
De una imagen de guerra, la canción de Ana pasa a otro momento de crisis, como una hambruna o una sequía (versículo 5). Aquellos a quie­nes las cosas siempre les fueron bien ahora se encuentran en serias di­ficultades y tienen que venderse como esclavos para conseguir el sus­tento más básico.
Algunas de las humillaciones sobre las que Ana canta y el cambio de roles están presentes en la historia que relata Jesús mil años más tarde de un joven rico que jamás pensó demasiado en las cosas básicas, como qué comería. Este joven se marcha a un país extranjero, despilfarra su dinero y acaba sufriendo un hambre tan atroz, que termina trabajando cuidando puercos. Su hambre era tal, que llegó a considerar comer la basura que se echaba a los cerdos (Lucas 15:13-17).
En el canto de Ana, los que estuvieron hambrientos son saciados, pues Dios los satisface. Quizá sean como el hijo pródigo, que regresa a casa y es homenajeado en un banquete totalmente inmerecido. Quizá sean co­mo uno de los pobres, ciegos o tullidos que son invitados al banquete del rey en lugar de los ricos e influyentes que no necesitan el banquete real (Lucas 14:21).
Del hambre y el banquete, Ana pasa a la que es quizá la parte más personal de su canto. Los muchos años de esterilidad y la consiguiente vergüenza que esa esterilidad hizo recaer sobre ella, debieron iluminar la mente de Ana al cantar sobre una mujer que había sido estéril pero que ahora ha alumbrado a siete hijos. En ese momento Ana solo tiene un hijo y se encuentra en el tabernáculo para entregarlo al Señor; pero ella ha conocido el milagro y sabe qué sabor tiene, porque Dios ha obrado en su vida. Ella escoge el número siete (que a menudo en las Escrituras indica la perfección) para describir la plenitud de las obras de Dios. El Señor le ha concedido a la mujer estéril el número de hijos perfecto o completo, mientras que la mujer que en contraste parecía te­nerlo todo (el versículo 5 nos dice que tenía muchos hijos) desfallece. Tiene muchos hijos, sí, pero la seguridad, la felicidad y el honor que se supone que conllevan no la alcanza porque no son un don de Dios.
El versículo 6 hace énfasis nuevamente en la forma en que Ana ve su mundo. Dios es omnipotente y está a cargo de todo. Para el lector moder­no la expresión inicial: «Del Señor vienen la muerte y la vida» (NVI) pue­de parecer extraña, ya que solemos pensar que la muerte es algo que pro­cede de Satanás. Pero para Ana y la mentalidad hebrea de la antigüedad no había diferencia entre lo que se permite y lo que se hace de manera ac­tiva. Es decir, si Dios tiene el poder para impedir algo y aun así permite que suceda, entonces él está tomando parte activa en la situación. Nótese cómo el Señor usa las cosas negativas de la vida para enseñar algo, y una vez que se ha aprendido la lección de dependencia de él, se deleita en sen­tar a los pobres y necesitados con los príncipes, permitiéndoles heredar los tronos de honor. Una de las claves en la historia de Ana es el «cambio de nimbo». Ella parece haber entendido que una vida con Dios no es siem­pre coser y cantar, que el dolor tiene un propósito y el cielo es el destino final. Nadie se salva y va al cielo por méritos propios. Más bien, los salva­dos sabrán que son pródigos rescatados de la porqueriza.
El canto de Ana continúa, afianzando la autoridad de Dios como Creador y Juez (versículos 8-10). Ella se da cuenta de que para vivir, el único medio posible es escoger estar de parte de Dios. Sabe que esa elección le traerá maravillosas recompensas en el futuro. Con todo, también es consciente de que la única manera de tener éxito ante los constantes cambios de la vida cotidiana es a través del poder de Dios. El canto de Ana lleva a todas las víctimas desvalidas la buena nueva de que al final siempre prevalece la justicia. El Mesías profético, el Rey ungido, el Juez justo de toda la tierra, viene.
El canto de Ana se destaca especialmente por ser entonado en el tiempo de los jueces, en el que parecía que los malvados triunfaban va­liéndose del asesinato y ni aun los mejores estaban libres de defecto. Tal vez el mundo de Ana se parecía mucho al nuestro. Tal vez, nosotros también podamos cantar con el poder de Dios mientras esperamos que prevalezca la justicia.
Respuestas
La visión bíblica del mundo no separa a la fertilidad, los hijos, o la familia, de la religión y la adoración. Sin embargo, a diferencia del con­cepto dominante de la época, la Biblia no considera a la infertilidad como un castigo de Dios por haber cometido una falta. Queda claro que Dios puede hacer que las personas infértiles tengan descendencia. En el registro bíblico, cuando Dios impide directamente que alguien tenga hijos, siempre es porque planea un nacimiento especial y desea desta­car el acontecimiento y la persona haciendo que la concepción y el alumbramiento sean fuera de lo común.
Quizá todo este asunto de la infertilidad puede apreciarse mejor en la respuesta que dio Jesús a sus discípulos en relación al ciego de naci­miento. En esos tiempos se creía que la ceguera, así como la infertili­dad, eran castigos directos de Dios por los pecados personales. Los dis­cípulos le preguntaron a Jesús quién había pecado: si el hombre que era ciego de nacimiento o sus padres. Jesús respondió: «No es que pe­có este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él» (Juan 9:3). Por lo tanto, la infertilidad no es en lo absoluto un cas­tigo hacia una persona o una pareja. La infertilidad no formaba parte del plan original de Dios, pero al igual que la ceguera, las deformidades congénitas, el cáncer, o el VIH, nos recuerda que vivimos en un mundo lleno de pecado. Muchas veces esas condiciones son ciertamente con­secuencias de nuestras elecciones, pero a Cristo no le interesa sobre quién recae la culpa, y tampoco debería interesarnos a nosotros. Allí donde los discípulos solo veían problemas, Jesús veía posibilidades. Podemos mostrar el poder de Dios en nuestras vidas. Él promete que serán ricas, fértiles y completas, tengamos hijos o no.
Reacción
Chantal: La vida de Ana hace que vea mi mundo con otros ojos. La so­ciedad parece decirme que para tener algún valor como mujer tengo que ser delgada, joven, bella, una mujer de negocios o tener un título univer­sitario. Me parece maravilloso que se me asegure que no necesito un título académico para ser alguien especial. No tengo que ser la primera en nada para que mi vida tenga valor. Si Ana encontró que su valor residía en Dios, yo también puedo hacerlo. Dios escucha mis oraciones y las responde.
Gerald: El compromiso de Ana con su promesa me maravilla. Yo co­mo padre me lo habría pensado dos veces antes de enviar a mi hijo a un entorno que obviamente no era seguro, ni espiritualmente edificante (1 Samuel 2:12-17). ¿Cuántas veces he justificado el abandono de un compromiso? Me pregunto si una pequeña mirada detrás del velo que separa esta tierra del reino de los cielos podría ayudarme a confiar más en el poder y la fuerza del amante y cariñoso Padre celestial. ¿Cuándo fue la última vez que vi la supremacía de Dios y su control sobre mi en­torno tan claramente que no tuve más remedio que estallar en cantos y gozarme en el Dios que sostiene el universo en la palma de su mano? ¿Cuándo fue la última vez que le sucedió esto a usted, querido lector?
Véase, por ejemplo, Sara (Génesis 16:1; 17:17), Rebeca (Génesis 25:21), la esposa de Manoa (Jueces 13:2) y Elizabeth (Lucas 1:7),
Lo más probable es que esto sucediera hacia los cuatro años de edad, en el momento en que se interrumpió la lactancia. (1 Samuel 1:23, 24).
Elena G. de White nos dice: «Cuando se separó de su hijo no cesó la solicitud de la madre fiel por el niño. Era el tema de las oraciones diarias de ella. Todos los arios le hacía con sus propias manos un manto para su servicio; y cuando subía a Silo a adorar con su marido, entregaba al niño ese recordatorio de su amor» (Patriarcas y profetas, p. 556).
Con todo, no debió haber sido tan duro consigo mismo. Tomar una segunda esposa en caso de esterilidad de la primera era la norma cultural de su época. Sin embargo, el conflicto doméstico destaca el hecho de que las normas culturales que no siguen los planes de Dios acaban en infelicidad.
Según Números 30:10-15, el esposo tenía derecho de veto sobre los votos de su esposa. Nótese el interesante vínculo hacia los votos. En 1 Samuel 1:21 se declara que Elcana iba a adorar cada año para cumplir un voto; sin embargo, no se dice de qué voto se trata. De acuerdo con la prueba de Números, bastaba solo con que Elcana permaneciera en silencio al escuchar el voto de su esposa para que este quedara validado. Sin embargo, Elcana va más allá. Él no guarda silencio, y confirma el voto de su esposa en 1 Samuel 1:23.
Su excesivo afecto por sus hijos lo llevó a no querer ver su evidente sacrilegio y la constante vergüenza que estos traían al culto de Dios (1 Samuel 12-17).
Miriam dirige a las mujeres de Israel en un canto después de haber sido testigos del poder y la protección increíbles de Dios en el Mar Rojo (Éxodo 15:1-19). Numerosos compositores se han inspirado en el Magníficat de María (Lucas 1:46-55).
Véase por ejemplo, Deuteronomio 32:4; Salmo 118:22; Isaías 28:16; Mateo 21:42; Marcos 12:10; Efesios 2:20 y 1 Pedro 2:4. Cf. Samuel Terrien «The Metaphor of the Rock in Biblical Theology» [La metáfora de la roca en la teología bíblica] en God in the Fray: A tribute to Walter Brueggemann [En la batalla con Dios: Homenaje a Walter Brueggemann] Ed. Timothy K. Beal y Tod Linafelt (Minneapolis, Minnesota: Fortress Press [1998]), pp. 157-171.
Esta revelación de lo que hay realmente en él produce la reacción de Job cuando se encuentra con Dios: «Así hablaba yo, y nada entendía; eran cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía [...] De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven. Por eso me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 42: 3-6).
Elena G. de White afirma que «las palabras de Ana eran proféticas, tanto en lo que tocaba a David, que había de reinar como soberano de Israel, como con relación al Mesías, el ungido del Señor» (Patriarcas y profetas, p. 556).
La única excepción parece ser el caso de Mical, la esposa de David, aunque no está claro si el juicio pronunciado por David es una indicación de que Dios la estaba castigando realmente con la infertilidad, o si David ya no dormiría más con ella.
Véase, por ejemplo, a Sara, quien a la edad de 90 años dio a luz a Isaac, el hijo de la promesa dada muchos años atrás; o a Rebeca, quien pudo concebir sólo después de una oración de intercesión especial y dio a luz gemelos. Compárense también las historias de Raquel, amada pero estéril (finalmente dio a luz a José y a Benjamín), o a la esposa de Manoa, que dio a luz al juez Sansón después de que la visitara un ángel. En el Nuevo Testamento se nos habla de Elisabeth, la madre del mayor de los profetas (Juan, el Bautista), quien fuera el precursor del mismo Jesús.
Esto era precisamente lo que desconcertaba a los discípulos. Un recién nacido no podía haber tenido ocasión de pecar. ¿Por qué, pues, era castigado? Si quienes habían cometido el pecado eran sus padres, ¿por qué, pues, debía cargar él con la culpa?

Revelaciones del Apocalipsis, Tema 1. Pasto Alejandro Bullon.