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Dulce Refugio

Dios es nuestra amaro y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones, por tanto no temeremos.
Refúgiate en él… En medio de la tormenta, Él quiere ser tu refugio, quiere alimentarte, confortarte. Ven a reposar en Él hoy.
Dulce refugio en la tormenta 
es Jesucristo el salvador.
Él me alienta y me alimenta con su palabra y su amor. 
vengo a reposar en el el es mi amigo fiel 
una poderosa y fresca uncion llenara mi corazon.

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No tengas miedo


¿Cuáles son sus sueños en su carrera?
¿Parecen inalcanzables?
No tenga miedo de dar un salto de Fe de vez en cuando. Si cae, Dios lo tomará en sus brazos.
Filipenses 4:13
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
2 Corintios 12:9
Y El me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí.
Efesios 3:16
Que os conceda, conforme a las riquezas de su gloria, ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior;
Colosenses 1:11
Fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo


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Todas las cosas son para bien

Existen Cristianos que viven justificando sus presente por las circunstancias que enfrentaron en su pasado, algunos dicen que no llegaron a ser lo que hubiesen querido ser por faltas de posibilidades, por falta falta de oportunidades, son tantas las justificaciones que ponemos para tener el presente que vivimos.
Nos olvidamos de que las posibilidades y las oportunidades se piden pero también se buscan. Las cosas no caen del cielo.
Muchos miramos los problemas de forma negativa, pensando que vivimos esto porque simplemente es la vida que nos toco vivir y entonces vamos a la Iglesia y lo único que hacemos es decir "estoy bien".

Tony Melendez es un católico y hoy les dejo este ejemplo como una fuerte de llamada de atención para ya dejar de vivir justificando nuestro presente por lo sucedido en nuestro pasado. Nos olvidamos que nuestro presente mañana sera pasado y no hicimos nada por cambiarlo.
Tenemos a un Dios que esta esperando que actúes para que él actué, deja de cercar a Dios con tu incredulidad y falta de Fe, si el abrió el mar rojo, no podra abrir el mar de imposibilidades hoy para ti.

Texto para meditar:

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28



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No te preocupes

A veces, cuando nada marcha de acuerdo con lo esperado, y la preocupación es quien reina.
Cuando el quebranto de lágrimas inunda nuestros ojos, y todo parece ser inútil.
Solo una cosa puede ahuyentar las lágrimas que queman y ciegan; alguien que suavemente te eche el brazo por encima y susurre:  No te preocupes.
Nadie ha logrado descifrar por qué esas palabras traen tanto consuelo, o por qué tal susurro hace que nuestras preocupaciones se despejen al instante.
Sin embargo, cuando los problemas nos dan la bienvenida, podemos olvidarnos de ellos y dejarlos atrás.
Cuando alguien suavemente te eche el brazo por encima y susurre:  No te preocupes.
El amor que procede de tan suave caricia; debe ser amor verdadero.

Podría ser que un abrazo así, a tu corazón no traiga consuelo.
Pero si el amor es el móvil, dulce consuelo encontrarás,
Cuando alguien suavemente te eche el brazo por encima y susurre: ¡No te preocupes!
¡Este poema refleja el consuelo que solo se experimenta a través de un toque amoroso!  Demuestra el amor que sientes por tus hijos en lo que dices y haces.  Ese amor será devuelto a ti multiplicado.
Muchos de los que han estado enamorados toda una vida nos dicen menos sobre el tema, que el niño que ayer perdió a su perrito.
1 Juan 3:11
Que nos amemos unos a otros.

Fuente:  El libro devocionario de Dios para los Padres, Editorial Unilit 
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Una bella mujer


  • Para tener unos labios atractivos, dí siempre palabras amables.
  • Para tener ojos adorables, mira siempre las cosas buenas de la gente.
  • Para una figura esbelta, comparte tu comida con los que padecen de hambre.
  • Para tener un pelo lindo, permite que un niño pase sus deditos por él, por lo menos una vez al día.
  • Para mantener la elegancia, camina con la certeza de que nunca estás sola.
  • La gente, más que las cosas, tiene derecho a ser reestablecida, revivida, reivindicada y redimida. Nunca rechaces ni deseches a nadie.
Recuerda, si necesitas una mano amiga, la encontrarás en el extremo de cada uno de tus brazos.
Con el tiempo y la madurez, descubrirás que tienes dos manos: una para ayudarte a tí misma y la otra para ayudar a los demás.
La belleza de una mujer no está en su figura, en la ropa que viste o en la forma como se peina. La belleza de una mujer tiene que ser vista en sus ojos, por que son la puerta de su alma, el lugar donde habita el amor.
La belleza de una mujer no está en la moda superficial. La verdadera belleza de una mujer se refleja en su alma. En la bondad con la que da amor y en la pasión que demuestra.
La belleza de una mujer crece con el pasar de los años.
Audrey Hepburn
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La Segunda venida de Cristo

 Los juegos de azar son una industria multimillonaria. A fin de conservar el negocio, los dueños de los casinos y de los hipódromos necesitan ganar más dinero del que pierden. Así, dependiendo de lo que uno juega y cómo juega, las probabilidades están siempre en contra del apostador en una relación de diez a uno, de veinticinco a uno, y aun de cien a uno. Cualesquiera sean las probabilidades, usted ciertamente perderá más de lo que gane. Así es como sobreviven los casinos y los hipódromos.
Supongamos, sin embargo, que usted tuviera una probabilidad de acierto de cinco o seis a uno a su favor. Supongamos, aún más, que esas probabilidades a favor suyo le ofrecieran algo mucho mejor de lo que le ofrece cualquier casino, como por ejemplo conocer con seguridad qué le deparará el futuro.

Las buenas nuevas son que el libro de Daniel ofrece un porcentaje de acierto de cien por ciento a su favor respecto de la posibilidad de conocer el futuro. ¿Por qué, entonces, jugar en contra de Dios, si él nos ofrece algo tan favorable?

El libro de Daniel nos habla de un sueño que un joven judío, seis siglos antes de Cristo, interpretó para el rey de Babilonia. En el sueño, el rey vio una estatua gigante: Su cabeza era de oro; los brazos y el pecho, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Eventualmente, una piedra gigante, “cortada no con mano”, derrumbaría la estatua (ver Daniel 2:31-34).

La interpretación del sueño

Éste es el sueño. La interpretación es la siguiente: Después de hablar acerca del rey y de su poder, Daniel le dice: “Tú eres aquella cabeza de oro. Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra. Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo” (Daniel 2:38-40).

En otras palabras, Babilonia era aquella cabeza de oro. Después de Babilonia vendría otro reino, simbolizado por la plata. Y eso es lo que sucedió: El Imperio Medo-persa se levantó después de la caída de Babilonia. De acuerdo al sueño, otro imperio se levantaría después de éste. Y eso sucedió meridianamente:El antiguo Imperio Griego se levantó después de la caída del Imperio Medo-persa. Luego vino otro reino mayor, hecho de hierro, que devastaría todo a su paso. Y ése fue, de hecho, el Imperio Romano, que se levantó después de Grecia.

Ahora bien, de acuerdo a la profecía, únicamente la cabeza sería de oro. Los brazos y los pechos no tenían nada de oro, porque el imperio babilónico había sido completamente arrasado. La plata, que representa al Imperio Medo-persa, estaba limitada al pecho y a los brazos, porque dicho imperio se desvaneció ante las huestes griegas. Las piernas de la estatua no contienen bronce, sólo hierro, porque el imperio pagano de Roma reemplazó al griego.

Pero entonces, la distinción entre los metales, que representan imperios, finaliza. A diferencia de los anteriores imperios, que desaparecieron, la Roma imperial no fue seguida por otro imperio y reemplazada por un nuevo metal. En vez de esto, fue dominada y dividida por varias tribus que fueron precursoras de las naciones europeas actuales. Eso está representado por los pies y los dedos que siguen al Imperio Romano. A diferencia de otras naciones, que fueron reemplazadas por nuevos metales, los pies continúan siendo de hierro, aunque no sólo de hierro, sino de hierro mezclado con barro. La mezcla aún incluye al Imperio Romano, que no fue totalmente destruido, porque continuó existiendo de otro modo.

Los dedos de hierro y de barro

Veamos qué sucedió más tarde con el Imperio Romano: “Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido. Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil. Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro” (Daniel 2:41-43).

A diferencia de los tres imperios que lo precedieron, el Imperio Romano no fue reemplazado por un nuevo imperio; tal como aparece en la visión, el hierro no fue reemplazado por un nuevo metal. En vez de esto, Roma fue dividida en las naciones que llegaron a ser la Europa moderna. Algunas naciones fueron fuertes, y otras débiles. ¡Qué representación perfecta de la Europa de hoy, compuesta de naciones con un tremendo impacto internacional, como Gran Bretaña, Francia y Alemania, y de otras más modestas como Luxemburgo y Andorra!

Daniel dijo, además, que “se mezclarán por medio de alianzas humanas” (vers. 43), ¡lo cual representa nuevamente una descripción perfecta de la Europa moderna! Cuántos matrimonios de la realeza se han formado con el paso de los años, y aún hoy se entrelazan los pueblos de Europa, a pesar de que la profecía afirma que “no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro” (vers. 43). En otras palabras, Europa no será una entidad singular. A pesar de las diferentes alianzas económicas, como la Comunidad Económica, Europa está aún compuesta por naciones separadas por idiomas, fronteras e intereses políticos. Esto es exactamente como la profecía, escrita cerca de 600 años antes de Cristo, presenta a Europa.

El reino eterno

De acuerdo a la profecía, se levantará otro poder. Hablando de las naciones que surgirían del Imperio Romano, es decir, las actuales naciones europeas, dice lo siguiente: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (vers. 44). Así, Babilonia vino y se fue, como fue predicho. El Imperio Medo-persa vino y se fue, como fue predicho. Grecia vino y se fue, como fue predicho. Cada predicción cumplida aumenta la credibilidad del resto de la profecía. El Imperio Romano surgió como fue predicho.

Como fue predicho, Europa fue dividida luego en varias naciones. Algunas serían débiles y otras fuertes, como también fue predicho. Se casarían y se mezclarían entre ellos. Sin embargo, estas naciones no llegarían a unirse como un imperio único, así como fue predicho. Hasta aquí, Daniel acertó en ocho de ocho predicciones.

Hoy, desde nuestro punto de vista, el único reino que aún no ha llegado es el último: el reino de Dios. Todos los otros reinos han llegado y se han ido, como fue predicho. Así es que, si analizamos la profecía y sus cumplimientos, podemos ver que las probabilidades de que el reino de Dios sea una realidad son altísimas.

Ningún casino le puede ofrecer a usted una garantía mayor para ganar. Qué tonto, entonces, sería no lanzar sus fichas con el Dios que ha prometido que todo esto ocurrirá. Ésta es la mayor garantía de triunfo en cualquier apuesta que haya hecho alguna vez en su vida.

Fuente: El Centinela
Autor: Clifford Goldstein, autor prolífico. Editor de la Guia de estudio para adultos para la Escuela Sabática. Desde 1992 hasta 1997, fue redactor de ‘Liberty’, y 1984-1992, editor del Shabat Shalom. El tiene M.A. in Ancient Northwest Semitic Languages de la Johns Hopkins University (1992). Es autor de unos 18 libros, los más reciente son "God, Godel, and Grace" y "Graffiti in the Holy of Holies".

Sexteto Praise (Acapella)

Información
Nombre: Sexteto Praise
País: México, Montemorelos.
Disco: Acapella 
Música acapella , es la que el Sexteto Praise nos presenta en esta oportunidad curiosamente el disco tiene el mismo nombre.
Claramente podemos escuchar la limpieza de las voces, una música interesante y llamativa es la que Sexteto Praise nos presenta.
Su mensaje no denota en su voz sino en las palabras con las que las interpreta, música que eleva nuestra mente a la presencia de Dios, mensaje que lleva el evangelio de Dios a las naciones. 
Puede comprar el material original desde SiloeMusic 


Listado de Acapella Sexteto Praise
1- DULCE COMUNION
2- NOW TO HIM
3- DONES
4- ORACION 1
5- I FEEL GOOD
6- TAL COMO SOY
7- HOLLY CITY
8- SENOR REPOSAMOS
9- ORACION 2
10- CRISTO VENDRA
11- TOCA SU MANTO



Solicitud de Editores para Cristianos Adventistas

 Por medio de la presente el Ministerio Full Adventistas invita a todo hermano que le guste compartir el mensaje de Dios.
Invitamos a que sean parte del Staff de Editores de Full Adventistas Ministerios
Nuestro objetivo es contar con Artículos Cristocentricos o que Eduque en el diario vivir de nuestro hermanos.
Los artículos pueden ser sobre  Reflexiones, Psicología, Mayordomía, Educación, Teología, Salud.
Cambien pueden incluir vídeos o audios.
Los requisitos es que demuestren ser Adventistas y que sus Artículos tengan relación con nuestras creencias.
Los Artículos serán publicados en nuestra comunidad Cristianos Adventistas.

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Dieta en el embarazo


Evidentemente en esta fase vital del desarrollo humano, mucho tiene que ver la alimentación, pues aunque todos sabemos que "en una dieta equilibrada hay que comer un poco de todo y no un mucho de poco", quizá no vengan de sobra unos consejos en este campo.

El embarazo requiere, en sus primeros 3 meses, un incremento calórico de unas 150 calorías extra, durante los seis meses siguientes el incremento será de 300 calorías extra, y evitar bajar por debajo de las 1.750 calorías diarias para evitar problemas carenciales en el feto,
así como en una misma.

Las proteínas son fundamentales para el desarrollo del bebé, pero las proteínas no sólo se hallan en la carne y pescado, sino también en las legumbres, frutos secos y cereales integrales.

Los espárragos ya eran conocidos y venerados en la antigüedad por los egipcios, donde eran considerados manjar de dioses y faraones, se les daba a las embarazadas para evitar partos prematuros.

Los alimentos derivados de la harina, deberían ser integrales, por su mayor cantidad de vitaminas y oligoelementos, en especial de magnesio, hierro, yodo, y cinc, ácido linoléico, o sea Omega 3 contenida por ejemplo en los pescados azules, esencial para el buen desarrollo del cerebro, bronquios y de los ojos del feto. Bastante fibra que evitará las temidas hemorroides, que combinadas con el habitual estreñimiento, suele traernos a la memoria a la madre del padre. Últimamente se ha constatado que los grandes pescados como el pez espada, emperador, atún, tiburón, etc. pueden contener en su carne, debido a su longevidad, mayores proporciones de mercurio que los peces más pequeños, por lo que están desaconsejados durante el embarazo.

Un estudio de la Asociación de Dietistas Americanos afirma que durante el embarazo, desde el primer momento y hasta que termina la lactancia natural, la ingesta de Colina o Vitamina B7, es fundamental para eldesarrollo neuronal que potencia la memoria del futuro ser, después de mayores, ya no surte el mismo efecto. Podemos encontrar esta sustancia en los cacahuetes (si no somos alérgicos a ellos), los huevos, la leche entera y el hígado de ternera o de pollo.

Las grasas deben ser las habituales en una dieta equilibrada, aunque intentar evitar las grasas de origen de animales mamíferos, ya que es inevitable, durante el embarazo un ligero aumento de colesterol y triglicéridos, que desaparece paulatinamente después del parto.

La ingesta de ácidos grasos es vital durante el embarazo y la lactancia para el buen desarrollo neurológico y visual de nuestro bebé, pues se sabe que nuestro cerebro contiene hasta un 60% de grasa, de la cual un tercio es del tipo Omega 3. Aunque si malo es la falta de estas grasas, también puede serlo su exceso, pudiendo provocar cálculos biliares, y una mala absorción de diversas vitaminas.

La actitud del cristiano

Dichoso el hombre cuyos intereses y deseos pueden caber en la sencilla casa familiar, feliz de respirar el aire natural en su propia querencia personal.
Soledad, ALEXANDER POPE
Cruzaba caminando el parque de estacionamiento, cuando vi que la policía había acordonado la acera de acceso, obligando a los peatones como yo a dar la vuelta para entrar por otra puerta del hospital. Mientras seguía el desvío vi que los niños de la escuela de la iglesia local, donde mi hermana era maestra en el nivel primario, también bordeaban la zona acordonada en su camino a las aulas. Además, asombrado, observé que una muchacha con uniforme escolar, pero de nivel medio, se dirigió hacia la cinta de plástico, lo tomó con ambas manos y lo rompió, atravesando con paso desafiante la zona prohibida.
Cuando pasaba cerca de mí, la toqué en el hombro.
-¡Sáqueme sus manos de encima! -gritó-. ¡No me toque!
La ira que expresaban sus ojos y la forma cómo me miró, fueron más elocuentes que mil palabras. Ciertamente, todos tenemos "actitudes", seamos conscientes de ello o no. Pero la pregunta es: ¿Qué tipo de actitud?
Varias palabras son similares a "actitud". Pienso, por ejemplo, en altitud, que es nuestra altura en relación con el nivel del mar. Latitud y longitud, la posición de algún punto de la tierra en relación con los paralelos y meridianos que circundan el globo terráqueo.
Con estas tres palabras en mente podemos ver que la actitud es la posición desde la cual nos relacionamos con los demás: si preferimos un conjunto de actitudes mentales. Como individuos, nuestra actitud determina nuestro equilibrio vital. Con frecuencia vemos al mundo girar alrededor de nuestro conjunto de actitudes mentales. La actitud es el punto de vista a partir del cual integramos toda nuestras relaciones. Es el tono que da color a nuestra vida, y con frecuencia a la de nuestros amigos.
Una vez, estando en el Aeropuerto Dulles de la ciudad de Washington, en Estados Unidos, observé en acción una enorme grúa. Tenía una elevada columna central y, girando alrededor de un punto cerca del extremo superior, transportaba y equilibraba su peso con otro que colgaba del lado opuesto de la viga. Toda su actividad y su fuerza dependían de este punto de apoyo.
Mientras observaba, comprendí cuán crucial era este punto de equilibrio para la grúa. De forma similar, nuestra actitud es un punto de equilibrio. Nuestro conjunto de actitudes mentales -o actitud, en singular, si así lo preferimos-, es tan crucial para nosotros en nuestro funcionamiento diario como lo es el punto de equilibrio para la grúa.
La actitud gobierna el alcance de nuestra influencia, nuestro radio de acción. Nuestra capacidad para llevar las cargas de la vida depende, en gran manera, del equilibrio que tenga nuestra existencia. Medimos nuestras relaciones con los demás y comparamos su conjunto de actitudes ante la vida con el nuestro. En la política se habla del ala izquierda o del ala derecha pero, ¿en referencia a qué? La gente es clasificada como conservadora o liberal, pero esa clasificación tiene como referente el conjunto de actitudes mentales del observador.
Recuero que cuando era joven vi una película titulada The Dam Busters. Narraba la historia de cómo la Real Fuerza Aérea procuraba destruir la capacidad industrial de los nazis, bombardeando y rompiendo las represas alemanas. Como carecían del sofisticado equipo que la aviación tiene ahora, idearon una solución muy simple: pusieron dos reflectores en el tren de aterrizaje de sus bombarderos y, haciendo coincidir los dos, podían fijar su vista, con bastante exactitud, por encima del agua de la represa. Calculando la velocidad, la altura y el rebote de la bomba sobre el agua cuando se lanzaba desde una altura predeterminada, podían encontrar el punto desde donde debían lanzar la bomba. Los reflectores demarcaban el punto desde el cual podía comenzar la acción.

Los reflectores de la actitud
Mientras pensaba en esos gigantescos haces de luz vino a mi mente que nuestra actitud también es iluminada por algunos "reflectores", y encontré cuatro que creo son de gran importancia en la definición de la actitud individual que tiene cada uno de nosotros.
- Patrones de pensamiento. Este reflector tiene que ver con nuestra forma de pensar: el patrón de pensamiento, el contenido de nuestros pensamientos, la calidad de nuestros pensamientos.
- Autoevaluación. El segundo es nuestro nivel de auto apreciación, nuestro concepto del valor personal, cuánto valoramos nuestras vidas.
- Valoración de los demás. El tercero es el valor que asignamos a las vidas ajenas: sus goces, sus esperanzas, sus tristezas.
- La creencia en un poder superior. El cuarto reflector que ilumina nuestra actitud se relaciona con nuestra creencia en un poder superior, con nuestra relación con Dios.
Patrones de pensamiento
Se nos ha enseñado cómo pensar. Muchas de las formas cómo evaluamos el mundo que nos rodea las aprendimos de los que nos enseñaron: nuestro padres, nuestros hermanos y otros miembros de la familia. Aprendemos con el principio de causa a efecto que el fuego quema y que el frío lesiona. Podemos aprender a ser cínicos o a ser amables. Nuestros patrones de pensamiento reflejan la enseñanza que recibimos, o nuestra carencia de ella. Es importante reconocer que nuestra forma de pensar a menudo refleja los patrones de pensamiento de nuestros padres y demás familiares, las escuelas a las que asistimos y la sociedad que nos rodeaba. Por supuesto, tenemos talentos y rasgos de personalidad innatos, pero aunque estos influyen en nuestro patrón de pensamiento emocional y, posiblemente, en la atracción que ejercen sobre nosotros ciertos conceptos, en gran medida reflejamos la forma de pensar de las personas con quienes nos relacionamos. De hecho, hay quienes creen que los jesuitas están en lo correcto, cuando dicen: "Dennos a un niño hasta los siete años, y será católico para siempre". Nuestros primeros años definen el tipo de persona que seremos.
El lavado de cerebro puede cambiar el patrón de pensamiento de una persona cuando lo aplican regímenes controladores de la mente como los comunistas o los fascistas.
Todos podemos pasar rápidamente a posiciones extremas si seguimos procesos de pensamiento desequilibrados. El presidente estadounidense Eisenhower estaba convencido de que las posiciones extremas adoptadas en un debate casi nunca son correctas. Cuando nos damos cuenta que estamos en una posición "extrema", deberíamos analizar cuidadosamente nuestros procesos de pensamiento para ver si, en efecto, estamos proyectando una actitud desequilibrada debida a patrones de pensamiento aprendidos.
Para los cristianos hay una solución al problema del pensamiento desequilibrado que pudiera conducirlos al extremismo: "Haya en vosotros, pues, este sentir que hubo en Cristo Jesús" (Fil. 2:5). Este es el Jesús que no condenó a la mujer sorprendida en adulterio, pero le indicó un camino mejor. Este es el Jesús que condenó la hipocresía e insistió en la integridad. Este es el humilde Jesús que urgió a abandonar el orgullo, la arrogancia y el control de otros. Esta es la mente del Jesús que invitó a los niños a venir a él y a todos a adoptar la sencillez de un pequeño y a evitar la intrigante maquinación de los fariseos. Este es el Jesús que se llenó de compasión por el sufrimiento, que comprendió a los que sufrían y que amó a los pecadores. Nosotros podemos elegir ser como Jesús.
Pero para ser como Jesús debemos entrenar nuestras mentes para que piensen como él. Recordemos que tanto la fatiga como el aburrimiento pueden inducirnos a pensar y hacer lo que normalmente no haríamos. Si realmente queremos tener una mente como la de Jesús, evitaremos también comer en exceso y ser indulgentes en forma indebida en todas las cosas, porque pueden cambiar el equilibrio químico neurológico de nuestro cerebro.
Y no importa cuán equilibrados seamos normalmente, podemos caer en la trapa de obsesionarnos por algo que nos preocupa, analizando minuciosamente una situación hasta las profundidades increíbles de "Y qué si...", haciendo imposible ver el todo. Así caemos en situaciones a las que Jesús recomendó que no llegáramos: "¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y tragáis el camello!" (Mat. 23:24).
Los filósofos antiguos comprendieron el poder del ayuno: la claridad de pensamiento que se produce cuando la mente se encuentra libre del bombardeo bioquímico de los alimentos. Es algo que deberíamos considerar cuando estamos luchando con un problema perturbador. Y aunque es posible que no le esté ocurriendo al lector, millones de personas están hoy alterando la química de sus cerebros con drogas, incluyendo algunas legales, como el tabaco y el alcohol. Es probable que pensemos que es fácil cambiar nuestro patrón de pensamiento, pero muchos adictos que están en proceso de recuperación encuentran, para su disgusto y mortificación, que el uso de drogas ha alterado las conexiones de sus neuronas. Esto es particularmente cierto en los jóvenes y los niños.
Autoevaluación
Nuestro segundo determinante de la actitud es la forma en que nos valoramos a nosotros mismos. Esto también se aprende. Los psicólogos nos dicen que para la edad de tres años la mayoría de los niños ya ha aprendido el sentido del valor personal. Es de extrema importancia que nos valoremos a nosotros mismos. Si no lo hacemos, no tendremos motivación alguna para cuidar nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu. Y si no nos autovaloramos, es muy difícil que aceptemos el valor infinito que Dios ha dado a nuestras vidas.
Ahora bien, debemos ser cuidadosos para no pensar únicamente en nosotros mismos, porque nos volveremos arrogantes, orgullosos e incluso obstinados y exigentes; en cuyo caso es posible que nuestras relaciones con los demás no sean de "dar y recibir", sino de "tomar". Los que son incapaces de dar no siempre reconocen lo que los demás hacen por ellos. La costumbre de culpar a los demás por las dificultades de la vida se convierte en ellos en una segunda naturaleza y son incapaces de pensar, ni siquiera por un momento, en aceptar su responsabilidad. De más está decir que a gente como esa es muy difícil de amar.
En el otro extremo están aquellos que se sienten totalmente desesperanzados, indignos, que son incapaces de aceptar el amor. Algunas veces se crean ellos mismos una coraza protectora a partir de su dolor; por eso son espinosos y difíciles de tratar. Pueden intentar elevarse a sí mismos rebajando a otros y, sin embargo, nunca parecen alcanzar el éxito; así que, nada puede satisfacerlos. Y como el valor personal real se aprende, y como encerrarse en uno mismo es una distorsión de la realidad, las actitudes de quienes se sitúan en esos extremos son, con frecuencia, desfiguradas y carentes de realismo.
Sin embargo, hay solución. Jesús mira nuestra deformada imagen, y dice: "Sígueme".
Sentado en la rama del árbol, el pequeño recaudador de impuestos se ubicó por encima de la multitud. Despreciado por otros, y despreciándose a sí mismo, Zaqueo había tratado de encontrar la felicidad a través de la riqueza y la opulencia. Sin embargo, a pesar de toda la seguridad que su dinero parecía proporcionarle, vivía acomplejado por su baja estatura; jamás sería suficientemente alto, suficientemente rico, suficientemente bueno; y en lo más profundo de su corazón lo sabía.
Sin embargo, Jesús, que conocía su necesidad de reconocimiento y aprecio, y la desesperada búsqueda de estima propia de Zaqueo, había venido a cambiarle la vida. Por eso, parándose bajo el árbol miró hacia arriba, hacia las ramas llenas de hojas, y lo llamó: "¡Zaqueo!". Con aquella única palabra, Jesús le otorgó al despreciado recaudador de impuestos no solo reconocimiento sino también respeto. Al pronunciar su nombre le dio la bienvenida como a un igual, un amigo, un compañero. Luego, invitándose a sí mismo a comer, Jesús hizo que el miserable y solitario corazón de Zaqueo se llenara con el gozo del reconocimiento.
Jesús también conoce mi necesidad de reconocimiento y mi deseo de ser apreciado, así como conoce la tuya. Él nos llama a ti y a mí por nombre, y nos invita con estas palabras: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cagados, y yo os haré descansar" (Mat. 11:28). Yo me reconozco a mí mismo allí, ¿y tú? Si tan solo pudiéramos apreciar el hecho de que somos altamente valorados por Jesús, dejaríamos la desconfianza propia y las muletas inútiles de la arrogancia y el orgullo. Abandonaríamos la necesidad de corregir a otros, de ser vistos como "sabelotodos", y el deseo de ser importantes a los ojos de los demás. ¿Por qué? Sencillamente porque somos importantes para Jesús.
Valoración de los demás
El tercer reflector sobre nuestra actitud es el valor que adjudicamos a los demás, o el que les negamos. Por supuesto, con frecuencia somos inconscientes de nuestro comportamiento y de la forma cómo tratamos a nuestros semejantes. Eso me ocurrió a mí hace poco.
Yo había organizado una reunión y lo había planificado todo para que cada cual hiciera lo que le correspondía. En medio de la actividad de indicarles lo que había asignado a cada cual, una colega que nunca había dejado de señalar las deficiencias de otros comenzó a imitar mi comportamiento: "¡Tú, haz esto; tú haz lo otro!"
Me qué helado. ¿Es eso lo que o parecía? ¿Un pequeño dictador? Acertada o equivocada, lo cierto es que me hizo detenerme y pensar.
Ciertamente, todos necesitamos detenernos a pensar: ¿Cómo valoro a los demás? ¿Cómo demuestran mis palabras y mis actos lo que pienso de ellos?
Todos nos sentimos en nuestro ambiente natural en nuestro hogar, junto a los que son los más cercanos a nosotros. Allí se nos ve como lo que en realidad somos. En unos pocos años, el idolatrado esposo desarrolla una panza prominente, pierde el cabello y adquiere algunos malos hábitos. Y tampoco la princesa luce muy atractiva y sofisticada con su arrugado pijama y una cara grasosa por las cremas, sin arreglo personal. Sin embargo, es en el hogar cuando estas realidades se convierten en algo inevitable, donde nuestra verdadera valoración de los demás aflora. Cuando aprendemos a amar a pesar de las manchas, las arrugas, los defectos y la calvicie, mostramos que en verdad valoramos a la otra persona.
La Biblia habla de no confiar en quienes hablan o hacen gestos que desmerecen a otro. El valor que damos a los demás, o el que le negamos, puede reflejar el valor que nos asignamos a nosotros mismos. Podemos destruir una reputación por criticar a un amigo o compañero de trabajo, diciendo cosas que nunca le diríamos cara a cara. Momentáneamente puede hacernos sentir bien arrojar un poquito de lodo sobre alguien que no está presente, pero al hacerlo decimos mucho acerca de nosotros mismos, porque el valor que les asignamos a otros proyecta la luz de un reflector sobre nuestras propias actitudes. El gesto de desdén y la risita disimulada de desprecio dicen más de nuestra actitud que de la devaluación de la otra persona, y el observador e interlocutor inteligente reconocerá nuestro intento de ensalzarnos a nosotros mismos cuando tratamos de rebajar a un semejante.
Mientras caminaba rodeado de una multitud, Jesús sintió de repente que de él había salido poder sanador (ver Marcos 5). Se detuvo inmediatamente y preguntó quien lo había tocado, sintiéndose conmovido interiormente porque alguien se había acercado a escondidas y depositado tal fe y tal confianza en él que le había "robado" la sanidad. Así que Jesús aguardó. La multitud abrió paso, y una temblorosa mujer se acercó. El Señor la miró. Aquella mujer de fe, que había sufrido de hemorragias durante doce años, lo miró: "Tu fe te ha salvado -le dijo Jesús-. Vete en paz".
En aquel encuentro, tanto la mujer enferma como el hombre a quien ella había tocado se asignaron mutuamente inmenso valor. Si pudiéramos mirar hacia los demás como miramos a Jesús, llegaríamos a ser semejantes a él. No es extraño que el primer mandamiento consista en amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón. Es este mandamiento el que hace posible el segundo: amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos (Luc. 10:27). Como podemos ver, al amar a otros nos volvemos más y más semejantes a Jesús.
Para comprender nuestra actitud debemos examinar cuidadosamente lo que pensamos de los demás y la forma cómo nos portamos con ellos, sean familiares, amigos o desconocidos.
La creencia en un poder superior
El cuarto reflector sobre nuestra actitud muestra lo que pensamos de Dios. Los ateos no tienen ningún Dios que les diga: "Este es el camino, andad en él". Por tanto, deben construir un sistema de ética que gire alrededor de la filosofía humana. El humanismo ha reemplazado a Dios y, sin embargo, como sin Dios es imposible encontrarle significado a la vida, un sistema de valores se vuelve intangible. Por eso vemos el surgimiento del hedonismo. "Si te parece bien, hazlo", y "Mientras no moleste a los demás...", se convierten en la consigna de muchos.
Pero si no hay propósito o significado en la vida, ¿cómo puede haber valor? Si el valor es meramente el que yo le atribuyo a algo o a alguien, ¿qué pasa si no te valoro? La sociedad sin Dios se convierte en un lugar donde falta el respeto. La otra gente es considerada como una catapulta o un obstáculo para la promoción personal propia. Sin embargo, ¿a dónde o desde dónde avanzo? Si no hay significado en la vida ¿quién determina que mi éxito es, en verdad, éxito? Sin significado, en realidad nada importa. Sin un Dios todopoderoso, el relativismo se convierte en algo totalmente carente de significado y, por lo tanto, hace lo mismo con las relaciones. En algún lugar debe existir una norma sobre la cual podemos calibrar el valor de la vida.
Cuando Moisés se paró frente a la zarza ardiente en Horeb, cuestionó la voz, la autoridad de aquel que le indicaba volver a Egipto. "¿Quién les diré que me envió?", preguntó. La misteriosa respuesta "Di a los israelitas, YO SOY me envió a vosotros", era inefablemente profunda. Más allá de todo cálculo incluso para la mente de Einstein, centrado exclusivamente en la teoría de la relatividad, "YO SOY" abarca todo el tiempo, toda la existencia. Este es el Dios que sustenta todo, que es el misterio de la existencia, que está más allá de nuestra comprensión y que, sin embargo, se caracteriza a sí mismo con unos claros trazos que los seres humanos pueden -aunque sea vagamente- comprender. Este es el Dios que, al encarnarse, expresó un amor infinito a través de la vida de Jesús. Nuestra actitud queda iluminada por nuestra apreciación y nuestro concepto de este Poder Superior.
Al ser altivos y orgullosos podemos negar su existencia. Al llenarnos de duda y temor, exigiendo pruebas según nuestros propios términos, podemos llegar a ser agnósticos. Si somos temerosos y dudamos de nuestro valor, podemos negar su interés en nosotros como individuos.
Sin embargo Jesús, de pie ante Jerusalén, lloró, diciendo: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, pero no quisiste!" (Mat. 23:37).
Cuando consideramos estas cuatro luminosas percepciones: nuestro patrón de pensamiento, nuestra autoestima, la forma en que valoramos a los demás y nuestra creencia en Dios, comprendemos que nuestra la Divinidad resulta determinante para las otras tres, de tal manera que nuestra actitud revela mucho de nuestra visión del mundo, y nuestra cosmovisión refleja nuestro concepto de Dios.
Aquellos que consideran a Dios como amante y bondadoso tendrán una perspectiva diferente de la que tienen los que lo ven como duro y vengativo. La gratitud de quienes confían en Jesús como su Salvador -los que reconocen su vida y su muerte como un don gratuito para el mundo enfermo de pecado- afectará todos los aspectos de su vida.
Habiendo caminado a través de lo que David llamó "el valle de sombra de muerte", los que reconocen a Jesús como su Salvador tendrán una actitud diferente de aquellos cuyo sistema de creencias no incluye un Padre amante que anda por ese "valle" con ellos.
Alguien ha dicho que existen contraseñas secretas para llegar al cielo. Las puertas de perlas se abrirán ampliamente, pero aquellos que quieran traspasarlas deben decir con corazones sinceros la contraseña, las palabras secretas. Las palabras reflejan nuestras actitudes porque la actitud es la clave para entrar al cielo.
¿Te gustaría conocer esa contraseña? Yo te lo diré. Son palabras fáciles, sencillas, pero debes ser sincero cuando las pronuncies. El código secreto, esencia del significado de la vida, es: ¡Gracias, Jesús!
Una actitud de aprecio no te ata a una esclavitud humillante. Más bien, te libera para servir libremente a otros. Esta libertad es la que conduce a una actitud más elevada: la alabanza. La alabanza va más allá del simple aprecio a la aplicación dentro de nuestras vidas de aquellos que estimamos: la vida de Jesús. Es cuando, a través del Espíritu Santo, la plenitud de la libertad, nuestra vida entera, se convierte en una alabanza.
El apóstol Pablo escribió: "Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte" (Rom. 8:2). Pablo reconocía que los agentes del mal son poderosos y perversos, pero explotó en gozo por el poder salvador del Espíritu, terminando el pasaje con estas triunfantes palabras: "Por lo cual estoy seguro que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rom. 8:38, 39).
Durante muchos años mi padre predicó con fervor y convicción el mensaje de salvación por la gracia de Cristo. Con esa influencia era más que natural que yo aceptara la gracia de Dios como un certeza; pero mi querida esposa, Janet, que se unió a la iglesia Adventista cuando ya tenía más de veinte años, con frecuencia sufría preguntándose si sería suficientemente buena como para ir al cielo. Yo le decía que ella, como todos nosotros, no somos suficientemente buenos para ir al cielo, pero que Jesús sí lo era, y él murió para que cualquiera que quiera entrar, como su huésped especial, pudiera ser admitido. Sin embargo, Janet no asimilaba esa idea hasta que leyó el libro de Philip Yancey, Gracia divina vs condena humana. Una vez que experimentó el poder emancipador de la gracia, se convirtió en una mujer nueva. Confiando en Jesús, nunca más cuestionó su salvación. Ya no se preocupa ni lucha para alcanzar una obediencia compulsiva. Ahora acepta la misericordia divina y la celebra como lo haría Jesús. Ya no centra su atención en sus ansiedades. Más bien, piensa en las necesidades de otros. Su vida está llena de gozoso servicio, sin ninguna expectativa de recompensa, porque ha reclamado todo lo que para siempre necesitará: ¡Jesús!
Los siguientes capítulos analizarán el significado de las celebraciones de la vida. Nosotros somos seres "completos", constituidos por componentes espirituales, mentales, físicos y emocionales. Con esto en mente, consideraremos al ser en su todo. El propósito no es detallar lo que podemos y lo que no podemos hacer sino, más bien, aprender la mejor forma de disfrutar el don de la vida, porque la gratitud abre nuestros corazones a la celebración y al gozo.
Jesús todavía sana hoy, como siempre.

Grupo DOMIFE

Informacion:
Nombre: Grupo Domife
Pais: Peru.
Pruduccion: Ministerio Gracias a Jesus
Hermosas canciones interpretadas por el Grupo Domife con su disco titulado Milagros, presenta los mas grandes milagro que Jesus realizo cuando vino para salvarnos, lo mas hermoso es que es interpretado por niños y sus voces hacen que el mensaje llegue tan directo al corazon mas duro.
Canciones:
  1. Bartimeo.
  2. Alimentacion de una multitud.
  3. El paralitico.
  4. La Hija de Jairo.
  5. La mujer que toco el manto.
  6. Lazaro.
  7. El leproso.
  8. Milagros hoy.

Viendo con los ojos de Jesús


Por: Rubén Ramos
Jesús se encontraba en Jerusalén. Probablemente el evento ocurrió durante la Fiesta de Dedicación. La ciudad estaba invadida por peregrinos de lejos y de cerca. Sacerdotes y levitas, fariseos y saduceos, rabinos y doctores de la ley, gente común y curiosos se apretujaban por las estrechas calles de la ciudad de David. Había mucho para ver: el Templo, los muros, los grandes pórticos de la ciudad y otras atracciones turísticas. ¡Y había tanto para escuchar! Predicadores callejeros exponiendo sobre la ley, fariseos discutiendo la herencia judía, celotes murmurando aquí y allá sobre cuál sería el momento más oportuno para expulsar a los romanos. Había mucho que hacer: Adorar en el Templo, expresar un deseo delante de alguna de las grandes piedras milenarias de la ciudad, o simplemente sentarse bajo la sombra de un árbol y observar la muchedumbre pasar.
Jerusalén tenía muchísimo que ofrecer a los miles de visitantes durante esta época festiva. Pero Jesús no era un visitante común. Sus ojos y oídos, su mente y su corazón no eran los de un turista atraído por el brillo y el encanto de la ciudad. Jesús era una persona que se interesaba por la gente. Mientras venía caminando “vio a un ciego de nacimiento”. Con esa única frase, el escritor evangélico ubica a Jesús separado del resto de la multitud.
Imagínate que estuvieras visitando la ciudad de Washington. ¿Qué irías a ver? La Casa Blanca, el mausoleo de Lincoln, el monumento a Washington, el Museo Smithsoniano, y un poco más al Norte, la sede de la Asociación General. Y si tuvieras la oportunidad de ver a alguien, probablemente el presidente de Estados Unidos sería esa persona. ¡No habría de ser alguno de los desposeídos del Circuito Dupont, con toda seguridad!
Generalmente miramos lo que es importante para nosotros. Nuestro foco de atención es determinado por lo que está en nuestros corazones. Jesús vino a este mundo a revelar la pasión de Dios por los despojos de la humanidad. El vino a salvar al perdido, sanar al enfermo, a dar vista a los ciegos, a levantar al muerto. Nada era más importante para él que dar ánimo al quebrantado de corazón, libertad a los cautivos, proclamar el año del favor del Señor. Haciendo así, Jesús estaba dispuesto a privarse de descanso, comida, agua, y finalmente, de su propia vida. Es por ello que, cuando la ciudad entera estaba ocupada y preocupada por muchas otras cosas, Jesús vio al ciego y acudió en su rescate.
De manera que ¿cuál es el significado de mirar con los ojos de Jesús? Consideremos los siguientes cuatro puntos.
Visión compasiva
Ver con los ojos de Jesús significa mirar con compasión. Todas las cosas que Cristo hizo fueron condicionadas por su amor infinito y su compasión. Necesitamos ser sensibles y tiernos con los menos afortunados así como lo fue él. Necesitamos sentir lo que él sintió. Necesitamos poseer un corazón delicado que pueda alcanzar al doliente. Jesús se identificó completamente con los padecimientos y necesidades del ciego. Cuando su compasión encendió una respuesta de fe, los ojos del hombre ciego fueron abiertos. Por primera vez en su vida vio el brillo del sol, la belleza de la naturaleza, y al Señor de la sanidad. La gratitud llenó su corazón y lo impulsó a prorrumpir en alabanza proclamando lo que Jesús había hecho por él. No sintió temor de dar gloria a Dios.
Visión sin obstrucción
Ver a otros a través de los ojos de Jesucristo significa descartar cualquier cosa que obstruya una clara visión. Cuando Jesús vio al ciego, vio a una persona en gran necesidad, y advirtió la oportunidad de revelar el poder de Dios. Pero los discípulos vieron un problema teológico. “Maestro, quién pecó, este hombre o sus padres?”, preguntaron (Juan 9:2). Con frecuencia, los cristianos permiten que la teología y la doctrina interfieran al observar a las personas por lo que son y por lo que necesitan. Más aún, la teología y la doctrina se centran en quién es Dios y lo que él desea que hagamos por los demás. Toda vez que la teología pierde ese enfoque, se vuelve un impedimento y una herramienta de Satanás para disminuir nuestra visión y destruir nuestra misión.
Visión basada en la revelación divina
Para mirar como Jesús lo hizo, debemos aceptar la visión reveladora que Dios provee. Observemos a los vecinos del hombre ciego. Ellos sabían que era ciego desde su nacimiento. Ahora escucharon el testimonio del hombre diciendo que Dios lo había sanado. Dios se encontró con él personalmente y le dio la vista. Ese hombre era una prueba viviente del poder de Dios. Pero los vecinos no estaban preparados para aceptar la revelación divina. Incluso llegaron a dudar si este era el mismo ciego que se sentaba en la vecindad a mendigar todos los días. Buscaron la opinión de los fariseos. Prefirieron el juicio de otros en lugar de la revelación de Dios.
Los fariseos tenían sus propias “cataratas”. Cuando descubrieron que el sanamiento ocurrió en sábado, no lo pudieron admitir. Determinaron que quien sanó en sábado había quebrantado el sábado y por lo tanto no provenía de Dios (Juan 9:16). La mirada de los fariseos estaba tan disminuida por las interpretaciones legalistas sobre el sábado que no pudieron ver al Señor del sábado. Para ellos Jesús apareció, no como la más acabada revelación divina, sino como un hombre que no guardaba el sábado. Para ver cómo Jesús lo hizo es preciso ir más allá de los rudimentos externos de la Ley y asir la dimensión interior que hace de la Ley el trasunto del carácter de Dios.
Irónicamente, la visión de los fariseos era en verdad la peor de las cegueras. Elena White explica por qué: “Los fariseos se creían demasiado sabios para necesitar instrucción, demasiado justos para necesitar salvación, demasiado altamente honrados para necesitar la honra que proviene de Cristo...Se aferraban a las formas muertas, y se apartaban de la verdad viva y del poder de Dios”.* Mientras se rechaza la revelación divina no puede ayudarnos a ver como Jesús lo hizo.
Cierta vez un hermano vino a verme. Estaba muy preocupado porque en la iglesia no estábamos adorando correctamente. Le pedí que se explicara, y me enumeró una lista de cosas que estábamos haciendo mal. No nos estábamos arrodillando en cada oración. No cantábamos la doxología del Himnario adventista. Y otras cosas más. Obviamente, nuestro hermano había identificado el culto con las tradiciones y prácticas. El punto principal es el culto: llegar delante de Dios para alabar su nombre, ofrecer nuestras plegarias ante él y escuchar su Palabra. La forma en que lo hacemos puede diferir, pero para ver el culto como Jesús lo vería debemos aceptar el culto como una avenida de alabanza y glorificación de Dios.
Si una tradición o una regla humana no nos ayudan a sentir la pasión de Dios y nos impiden ver como Cristo ve, debemos rechazarlas. Si no, nos cegará como lo hizo con los fariseos. Se volvieron tan ciegos que no pudieron comprender ni siquiera la expresión lógica básica que emanaba de la clara explicación ofrecida por el mismo ciego. “Una cosa yo sé —dijo— que yo era ciego y ahora veo” (Juan 9:25).
Visión de valentía
Ver como Jesús lo hizo es mirar con valentía. Veamos la reacción de los padres del ciego. Ellos deberían haberse alegrado. Su hijo podía ver ahora. No necesitaba seguir siendo un mendigo. Podía trabajar y mantenerse a sí mismo. La gente tenía sus dudas, los fariseos tenían su teología, pero los padres no tenían por qué dudar de que su hijo se había transformado en una nueva persona. Sin embargo, ellos todavía no podían ver como Jesús. La visión de Jesús era una visión de valentía. El vio un hombre en necesidad y lo sanó en día sábado sin sentir temor de los fariseos. Haciendo bien, dando vista al ciego, no hay lugar para la cobardía. Pero los padres fueron temerosos y dijeron: “Pregúntale a él, él es suficientemente grande como para contestar por sí mismo” (Juan 9:21). Prefirieron la aceptación de los demás por encima de la divina. Una persona que teme ser rechazada por los demás sólo por decir la verdad no puede ver como Jesús. Tarde o temprano, la cubrirán las tinieblas.
La mayor necesidad
Consecuentemente, nuestra mayor necesidad es mirar como Jesús ve. Como creyentes, como estudiantes o profesionales, debemos anhelar de veras ver como Jesús. Hay momentos cuando no sabemos qué hacer, qué decir, qué dirección tomar, pero es reconfortante saber que Cristo está dispuesto a irrumpir en nuestra confusión y oscuridad para alumbrar nuestros corazones. El Espíritu Santo está listo a poner colirio en nuestros ojos para permitirnos ver adecuadamente.
¡Jesús es el más grande oculista que jamás haya existido! El tiene la prescripción correcta para corregir nuestra visión. En él, todo es ciento por ciento. Y está dispuesto a restaurar nuestra visión para permitirnos ver como él ve.
Rubén Ramos (M. Div., Andrews University) es pastor ordenado y coordinador de la Iglesia Adventista para la comunidad de habla hispana en la Asociación de Potomac, que abarca el Gran Washington, D.C. Su dirección es: 12521, Marie Ct., Silver Spring, Maryland 20904, E.U.A.
* Elena White, El Deseado de todas las gentes (Mountain View, Calif.: Pacific Press Publ. Assn., 1977), pp. 245, 246.

Revelaciones del Apocalipsis, Tema 1. Pasto Alejandro Bullon.