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Carta de un Hijo a un Padre

Carta de un hijo a todos los padres del mundo
Queridos papito y mamita:
  • No me des todo lo que pido; a veces sólo pido para ver hasta dónde puedo lograr.
  • No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar yo también… y no quiero aprender a hacerlo.
  • No me des órdenes a toda hora. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras un favor, yo lo haría más rápido y con mayor gusto.
  • Cumple tus promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; y también si es un castigo.
  • No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mis amigos. Si tu me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me haces quedar peor que los demás, seré yo quien sufra y quede humillado.

Elogie a su hijos en publico

El joven Teddy escuchaba mientras su padre una vez contaba, de forma extensa y con grandes detalles, sobre una ocasión en el pasado en la que Teddy demostró gran sabiduría difícil. Mientras el padre hablaba, el niño continuaba tirándole de sus pantalones.
Finalmente, enojado el padre se acercó al niño para ver qué era lo quería decirle. Papá susurró el niño, es no era yo. ¡Era Billy!
Avergonzado frente a su amigo, el padre tomó a Teddy del brazo y lo llevó hacia la leñera.
Todo el camino hasta ahí el niño continuaba diciendo: Papá, papá.
El padre, cansado, se detuvo y le dijo: ¿Y ahora qué? Supongo que vas a decirme que fue Billy el que me ridiculizó abiertamente frente a mi amigo.

El Almacenista y La Cajera

En un supermercado, Kurtis el almacenista, estaba ocupado trabajando cuando oyó una nueva voz por las bocinas, solicitando una entrega en la caja 4.  Kurtis casi había terminado y quería tomar algo de aire fresco, por lo que decidió responder a la llamada.  Al acercarse a la caja, una sonrisa distante llamó su atención, la nueva cajera era hermosa.
Era mayor que él (tal vez 26 mientras que él sólo tenía 22) y se enamoró de ella.  Más tarde ese día, tras terminar su turno, esperó cerca del reloj de marcar para averiguar su nombre.  Ella llegó al salón de descanso, le sonrió suavemente, tomó su tarjeta, la marcó, y se fue.  El miró su tarjeta: Brenda.  Salió tan sólo para verla caminar por la calle.
Al día siguiente, esperó fuera mientras ella salía del supermercado y le ofreció un aventón a casa.  Él se veía bastante inofensivo porque ella aceptó.  Cuando la dejó, le preguntó si podría verla de nuevo, fuera de horas de trabajo.  Ella dijo que simplemente no sería posible.  Tras insistir, ella explicó que tenía dos niños y que no podía pagar una niñera por lo que él ofreció hacerlo.  Algo reticente, ella aceptó su oferta para una cita el sábado siguiente.
Ese sábado en la noche, él llegó a la casa de ella tan sólo para enterarse que no podría salir con él porque la niñera la había llamado para avisarle que no podría ir.  Ante esto, Kurtis simplemente dijo: “Bueno, llevemos a los niños con nosotros”.  Ella intentó explicarle que aquello no era una opción, pero no aceptando un no por respuesta, él insistió.  Finalmente, Brenda le llevó dentro para conocer a sus niños.  Tenía una hija lindísima, pensó Kurtis.  Entonces Brenda le trajo a su hijo, en una silla de ruedas.  Había nacido paraplégico y con el Síndrome de Down.

Tus sentimientos son afectados por tu forma de pensar

¿Sabías que tus sentimientos son afectados por tu manera de pensar?
Si no quieres que el desanimo te arruine, entonces no medites en tus desilusiones.
¿Sabías que tus sentimientos son afectados por tu manera de pensar?
Si piensas que eso no es cierto, entonces  toma 20 minutos o más, y piensa solo en tus problemas. Te aseguro que al final de ese tiempo, tus sentimientos, y quizás tu semblante, habrán cambiado.
Cuando te decepcionas, no te sientes a tener lástima de ti mismo. Aunque las cosas pueden parecer malas, aún tenemos una elección: tener comunión con nuestros problemas o tener comunión con Dios.

La paciencia es amarga

En los tiempos de las grandes haciendas ganaderas, se ataba a veces un pequeño burro a un caballo salvaje.
Ambos eran entonces soltados juntos hacia el desierto. Corcoveando furiosamente, el caballo salvaje tiroteaba y sacudía al pequeño burro, arrastrándolo como una bolsa de patatas.
Sin embargo, ambos regresaban algunos días después. Primero aparecía el pequeño burro, trotando de regreso hacia la hacienda, con el sumiso corcel a rastras.
En algún lugar del desierto, el caballo quedó exhausto al tratar de liberarse del burro. En ese momento, el burro se convirtió en el amo de los dos. El lento, paciente e insignificante animal se convirtió en el líder del otro más rápido, más veleidoso y más apreciado.

Revelaciones del Apocalipsis, Tema 1. Pasto Alejandro Bullon.